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El Poder de los Juguetes

Diciembre 05, 2017

Los juguetes cumplen un rol importante en la transmisión de la cultura y en preparar a los niños para sus deberes en el mundo de los adultos. Si bien un juguete puede ser un poderoso constructor de cultura, puede también des­truirla. Los juguetes no sólo preservan la civilización, sino que la construyen. Veamos en este artículo cómo elegir buenos juguetes para los niños.

Los juguetes han existido desde los principios de la historia conocida, y probablemente desde antes. Segura­mente Caín y Abel jugaron con juguetes. Los niños del antiguo Egipto lo hicieron también. Algunos juguetes todavía pueden encontrarse en museos—botes, muñecas y juegos de mesa. Los hombres antiguos ha­cían soldados de juguete. Incluso Calígula tenía su set y jugaba con ellos cuando debía estar atendiendo a sus asuntos. Probable­mente Cleopatra tuvo una o dos muñecas cuando era niña. Y ¿quién sabe qué tipo de juegos eran populares cuando Moisés estaba creciendo?

Los mejores juguetes no han sido pre­servados, así como los tuyos han desapareci­do ya hace mucho tiempo. Los niños juegan intensamente y por ende un juguete favorito queda eventualmente desgastado. Entonces para los niños de familias ordinarias los ju­guetes deben haber sido mucho más simples. Una muñeca hecha de maíz habría satisfe­cho a una niña azteca; una espada de palo a un niño romano. Pequeñas ciudades deben haber sido armadas con piedras; papá pudo haber tallado un pequeño caballo o una pe­queña olla para cocinar pero, ¿qué queda?

Bueno, de hecho quedó algo muy im­portante: el niño. El niño, si vivió para ser adulto, aprendió a montar un caballo real, a construir una ciudad verdadera, a pelear una guerra real. La niña crió un bebé real. Muchos niños, al crecer, tuvieron sus pro­pios hijos. Y estos hijos jugaron también con sus juguetes.

Un niño va a jugar, le des juguetes o no. Y el niño va a imitar. Si andas cerca de uno, el niño te imitará. Tu hijo, aún sin te­ner sus propios juguetes, jugará al jardinero con hojas y semillas, conducirá una silla o un automóvil de una caja vacía, martillará con palos o piedras. Tu hija cocinará tortas de barro, cuidará al gato, y dividirá el jardín trasero en habitaciones de su casa. Jugar es practicar. Es una forma de explorar roles, de tratar de descubrir de qué se trata todo.

Naturalmente, nos gusta darles jugue­tes a nuestros niños. Los mejores son los he­chos en casa, especialmente si el niño nos ve hacerlos. Dos de mis hijos son carpinteros porque solían mirar mientras mi esposo y yo armábamos algunos de sus juguetes. Dos de mis hijos son artistas, prácticamente por la misma razón. Cuando necesitaban alguna cosa mientras jugaban, uno de nosotros lo inventaba con pegamento y chatarra. En poco tiempo comenzaron a hacer sus pro­pios juguetes.

Esto no significa que no había jugue­tes comprados en casa. Nosotros mismos los comprábamos, parientes los compraban, amigos los traían de regalo para nuestros hi­jos en sus cumpleaños. A algunos los apar­tábamos y silenciosamente nos deshicimos de ellos. A algunos los modificamos. Algu­nos se perdieron o los niños los rompieron.

¿Cómo comprar un buen juguete para un hijo? Los juguetes suelen pertenecer a tres categorías, y todos ellos tienen un lugar en el desarrollo de tu hijo. Primero están las herramientas—copias de cosas rea­les que los adultos usan. Aquí se encuentra todo: desde la vajilla a los rifles, desde ma­quinaria de granja hasta escobas. También se pueden ver sets de maquillaje, equipos de oficina y cajas registradoras, disfraces y ac­cesorios para toda una variedad de carreras o profesiones. Hay una cierta proporción de actuación y juego de roles cuando un niño usa estos juguetes así que hay que tener cui­dado al presentar el rol que quieres que tu hijo juegue. Muchos educadores modernos fomentan dar roles masculinos a las niñas y roles femeninos a los niños. Dicen que esto hará más independientes a las niñas y más sensibles a los varones. Pero es mucho más probable que el cambio de roles produzca disconformidad en los niños con sus roles sexuales normales y los haga totalmente in­capaces de tener una vida familiar estable.

Ciertamente puedes tratar de influen­ciar un poco en la elección de carrera de tu hijo al darle juguetes. Un juego de herra­mientas puede llevar a un posterior interés en construir cosas reales después. Hay sets de medicina o de doctores, sets de carpinte­ría, sets de granja, juegos de ingeniería. ¿Has pensado alguna vez en hacer o comprar pequeños ornamentos o hábitos de alguna orden religiosa? Muchísimos niños que des­pués se convirtieron en Santos habían juga­do a oficiar Misa o a adornar altares. Jugar al empresario es bueno para todos los niños, nenas y varones. Haces o compras el dine­ro de juguete y luego guardas latas vacías y cajas para las mercaderías. Un vagón rojo es una buena carretilla de verdulería y todo puede ser armado en tu garaje.

Para tus niñas todavía hay algunos buenos juguetes disponibles: muñecas, pla­titos, pequeños electrodomésticos y juegos de costura. Los muebles para las muñecas no son difíciles de hacer con cajas, chatarra, y las pequeñas mamás pronto aprenderán a coser cualquier cosita que necesiten para sus hijos. Y, otra vez, nada te puede detener para que les proveas con accesorios para una es­cuela o un convento.

La segunda categoría de juguetes es similar a la primera, pero el juego de roles es un tanto diferente. Cuando a una niña le dan una muñeca Barbie, ella no se convierte en la madre de la muñeca, como normal­mente sucede con las otras muñecas tradi­cionales. La niña se convierte, de alguna ma­nera misteriosa, en la misma muñeca. Ella (como muñeca) actúa la vida adulta como la ven los fabricantes de la muñeca—a través de los accesorios, muebles, casa y autos. Esto también se aplica a toda una serie de muñe­cas más pequeñas: estrellas de rock, estrellas adolescentes. Muchas de ellas son deformes en sus caras y sus cuerpos, y vestidas de ma­nera relumbrante y llamativa.

El varón, por otra parte, puede con­vertirse casi en cualquier clase de monstruo, criminal intergaláctico, luchador de justicia, alienígena, o tan solo simples camorreros, a través de las muchas figuras de acción dis­ponibles. Estos también traen accesorios y generalmente provienen de películas o pro­gramas de televisión inadecuados.

Este tipo de juego de roles no lleva a nadie hacia la vida adulta, principalmente porque ninguno de estos roles está dispo­nible, son roles irreales. Niños que crecen con juguetes como estos puede que nunca adquieran una visión firme de la realidad. Estos niños adultos sólo piensan hacer la mayor cantidad de dinero posible, se casan y se divorcian a menudo, consumen drogas, juegan videojuegos, descuidan a sus pro­pios hijos y, al final, se preguntarán qué salió mal en sus vidas.

¿Hay algún juego de roles remotos que son buenos para tus hijos? Tal vez algunos. Copias en miniatura de cosas reales son di­vertidas para hacer y tener. Ellas le dan a tu hijo una forma segura para manipular algunas de las cosas más grandes (y más te­mibles) hasta que se acostumbre a ellas. Un pequeño hospital de juguete puede quitar un poco el miedo de la ida al médico. Una pequeña escuela puede inspirar más estudio, pero se debe tener cuidado de que los niños no lo usen sólo para actuar un mal compor­tamiento que tienen miedo de experimen­tar en la vida real. En un juego de roles de cualquier tipo, es habitualmente mejor que el niño sea un adulto y no otro niño

El tercer tipo de juguete es aquel que incluso los adultos pueden disfrutar—el juguete recreativo. Y claro que sí, tú mismo puedes jugar con tu hijo, o también que los niños jueguen juntos y aprendan conduc­tas de caballerosidad. O tal vez sólo hagan ejercicio. Pero un equipo deportivo (nada que ver con deportes comerciales) es sim­plemente para divertirse. Igual con muchos otros juegos. De todas maneras, tú debes ser consciente de que algunos juegos NO son saludables y que algunos son diseñados para influenciar desfavorablemente a tus hijos.

Hay algunos juegos de carreras que enseñan valores aberrantes; algunos juegos tipo Calabozos y Dragones[1] que enseñan co­sas aún peores, y algunos juegos son tan feos o requieren un comportamiento indigno que no tiene lugar en tu hogar. Claro que también hay juegos que enseñan doctrina católica y promueven un buen comporta­miento. Los que yo he visto eran sencillos como Tierra de Caramelos[2]. A algunos chicos les gusta, a otros les parece aburrido. Lee las reglas del juego antes de comprar. Puede ser que haya algunos juegos más satisfacto­rios y divertidos disponibles.

Por naturaleza los juegos de mesa im­plican competencia. Yo nunca he oído que sea pecaminoso competir con otro en Mono­poly. Juegos como este sirven para descargar energía—siempre que todos sean buenos jugadores. Las damas y el ajedrez son tam­bién excelentes. Para niños de edad escolar o mayores, una manera práctica para elegir un juego es determinar si tú mismo disfru­tarías del juego. Si es muy feo o aburrido, no lo compres. 

Así como el niño se convertirá en el padre del hombre, así también el mundo de los juegos con respecto al mundo real. Los juguetes no sólo preservan la civilización, la construyen. Es algo bueno para tener en cuenta la próxima vez que pases por el pasillo de los juguetes.

Este artículo, escrito por la Sra. Colleen Drippé, fue publicado originalmente en inglés en la revista “The Angelus” del Distrito de Estados Unidos de la FSSPX, con el título Toy Power, en mayo de 2005. La Sra. Drippé es escritora y autora de varios libros para niños. Vive con su familia en St. Mary’s, Kansas, EUA, donde enseña en Primer Grado en St. Mary’s Academy and College.

[1] Se trata del juego de mesa "Dungeons and Dragons", conocido también como D&D.
[2] Se trata del juego "Candyland".


El Boletín San Benito es el boletín oficial del Priorato San Benito en Gómez Palacio, Durango.

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