FSSPX Actualidad

Fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo

Agosto 06, 2017

El 6 de agosto se celebra la fiesta de la Transfiguración de Cristo, un gran evento, donde, por segunda ocasión, Dios Padre proclama a Jesús como su Hijo unigénito muy amado. Al resplandecer frente a Pedro, Santiago y Juan, en el Monte Tabor, Cristo reveló su gloria divina a los discípulos y fortaleció su fe antes de la Pasión.

Hoy celebramos una fiesta votiva que fue introducida en el occidente por el Papa Calixto III (1457) luego de la victoria de San Juan de Capistrano sobre los turcos en Belgrado. En el oriente, donde es una fiesta de máximo grado celebrada en honor a Cristo Rey, se celebró por primera vez desde el siglo V.

En esta fiesta celebramos el portento de la Transfiguración de Nuestro Señor, un milagro que los Padres de la Iglesia cuentan entre los más grandes que Dios realizó como confirmación de la divinidad de Cristo. La sombra del Calvario ya empezaba a proyectarse, cuando Jesús subió al Monte Tabor una noche con sus tres discípulos predilectos, y a través del velo de la naturaleza humana, pudo verse la luminosidad de su divinidad. Se vuelve radiante y glorificado. Los apóstoles se despiertan por la brillante luz y presencian el milagro. El Introito hace alusión a las palabras de San Pedro: "Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí".

¿Cuál es el significado de la Transfiguración para la liturgia? Hay que recordar que los textos litúrgicos no sólo sirven como instrucción: su principal función es indicar lo que realmente se produce. Lo que una vez tuvo lugar durante la noche en el Monte Tabor, sucede nuevamente cada vez que se ofrece el Santo Sacrificio. Tal vez sólo veamos sobre el altar las apariencias, pero con los ojos de la fe contemplamos a Cristo glorificado; vemos al Rey de la Gloria con su corte, los santos de la Alianza antigua y nueva. La liturgia actualiza la acción santificadora de Cristo en su Transfiguración.

Por lo tanto, no es sólo Cristo quien se transfigura; sino que nos permite compartir con Él su gloria. La Santa Eucaristía es el sacramento de la Transfiguración, pues es la "semilla de gloria." Uno de los objetivos de la liturgia es la transfiguración divina de los fieles.

Fuente: Rev. Padre Parsch, 1958, texto adaptado y resumido.