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Homenaje por el 90° aniversario luctuoso del Padre Pro

Diciembre 04, 2017

El pasado jueves 23 de noviembre de 2017, se llevó a cabo un evento en el Centro Cultural Venerable Padre Juan González en honor al 90° aniversario luctuoso del Padre Miguel Agustín Pro, valiente cristero mexicano que murió mártir en 1927, defendiendo con su sangre la fe católica que se veía amenazada en México por el gobierno de Plutarco Elías Calles

El homenaje comenzó con el rezo del santo Rosario en la iglesia de la Sagrada Familia, lugar donde se encuentran los restos mortales del Padre Pro, y aunque ahí se celebren "asambleas del pueblo" que ya no son misas, es bueno acercarse y rezar un rosa­rio por este jesuita ejemplar, pedir su intercesión y no dejar caer en el olvido su martirio.

Posteriormente, se dirigieron a pie al lugar de su fusilamiento, y durante el trayecto se rezó otro Rosario.

Finalmente, al llegar a lo que hoy son las instalaciones del diario El Universal, (antiguo puesto de polícia donde fue fusilado), ubicado en las calles de Bucareli, en la Ciudad de México, los participantes, acompañados de varios Padres, rezaron un último Rosario.

La palabra Cristero enseña por sí misma, que se llama así al hombre que tiene a Cristo como principio y fin, buscando ante todo el Reino de Cristo en su propia vida, en su familia, en su país. En el Cristero esta adhesión a Cristo Rey es total, prefiriendo perder la vida antes que traicionar a su Rey. Por eso, el Cristero renuncia a las vanidades del mundo. Delante de la persecución suscitada por las leyes infames de Benito Juárez atacando a la Iglesia católica, el Cristero se levanta para defenderla.

Esta guerra cristera, parte fundamental de la historia mexicana, nos ofrece grandes ejemplos de heroísmo y santidad, y nos enseña algo que el mundo usa solamente para satisfacer sus caprichos, sus pasiones y metas diabólicas, y que, por desgracia, muchos buenos católicos hoy ignoran o desprecian: el ánimo u osadía. La debilidad de los buenos hace la fuerza de los malos.

Grande osadía se necesita para ser un santo, grande osadía se necesita para conquistar un siglo, grande osadía se necesita para ganar un imperio. Y la Iglesia, nutrida al parecer con sangre de león y poseída de todas las osadías, derriba hombres, gana imperios, extiende ilimitadamente sus dominios, y hoy abre sus ojos hacia todas las fronteras, filosofías, cátedras, libros, parlamentos, arte, política, y no desespera de fundar el imperio más vasto que hayan visto los siglos. 

Pidamos, al hombre que entregó su vida en la tie­rra, en nuestra tierra, que siga ayudándonos desde el cielo.

¡Viva Cristo Rey!
¡Viva Santa María de Guadalupe!
¡Viva México Católico!