La vida de oración - Palabras de Mons. Lefebvre

Octubre 04, 2016
Origen: Distrito de México

He aquí unas palabras de Monseñor Marcel Lefebvre, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sobre la vida de oración.

“Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus Sabaoth”.

Si Dios es la santidad misma, si cantamos de Nuestro Señor que Él es el único Santo, “Tu solus Sanctus”, es porque la fuente de toda santidad viene de Dios, y por eso seremos santos en la medida en que nos unamos a Dios y a Nuestro Señor.

Ahora bien, ¿cómo realizar concretamente esta unión con Dios? Bajo la influencia de la gracia del Espíritu Santo. Esta unión tiene un nombre: la oración, “oratio”.

Ahondando tanto en la naturaleza de la oración como en su extensión en nuestra existencia humana y cristiana, tendremos la convicción de que la vida profunda del espíritu creado y redimido debe ser una vida de oración continua.

Todo espíritu angélico o humano está ordenado a Dios por su naturaleza espiritual, por su inteligencia y voluntad, y gratuitamente ordenado por la gracia a entrar en la participación de la bienaventuranza eterna de la Santísima Trinidad.

Por eso, todo espíritu es religioso ante todo, y su vida religiosa se manifiesta por la oración vocal, mental y espiritual.

La oración vocal, que abarca en sí a la oración litúrgica, instituida por Dios mismo, y por Dios encarnado, y elaborada por el Espíritu Santo especialmente en la liturgia romana, es la fuente y la expresión más sublime de la oración mental y de la oración espiritual.

Todos los santos han practicado la vida de oración, que es a la vez un efecto y una causa de la santidad. Y es que tenían un concepto muy profundo de esta vida de oración, que afecta tanto a la voluntad como al corazón y realiza el fin para el que Dios nos ha creado y redimido: adorar a Dios en una ofrenda total de nosotros mismos, a ejemplo de Nuestro Señor, que vno a este mundo diciendo a su Padre: “Ecce venio ut faciam voluntatem tuam: He aquí que vengo para hacer tu voluntad”.

Una concepción de la oración que se limitase a la oración vocal o mental, sería desastrosa, pues ésta debe concernir a todo nuestro ser, igual que la oración de los ángeles y de los elegidos del Cielo.

¡Ojalá vivamos esta oración ardiente de la voluntad y del corazón de manera constante, incluso en la actividad absorbente del apostolado, que nunca debe absorbernos hasta el punto de impedir a nuestra voluntad y a nuestro corazón ser de Dios! ¡Ojalá nuestro apostolado sea un alimento de esta ofrenda a Dios!

Mons. Marcel Lefebvre -  ITINERARIO ESPIRITUAL SEGÚN SANTO TOMÁS