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La Virgen que forjó una patria

Diciembre 12, 2016

Non fecit taliter omni natione: «No ha hecho nada semejante en ninguna otra nación». Tales fueron las palabras del Papa Benedicto XIV cuando vio por primera vez una copia de la imagen de la Virgen de Guadalupe, Patrona de México y Emperatriz de las Américas, a quien todos los mexicanos le debemos una tiernísima y filial devoción. 

ANTES DE SU LLEGADA

Cuando los españoles llegaron a México, capital del imperio azteca, se encontraron con una civilización cuya estructura social y de gobierno era compleja. Tenían una religión cruel. Cruel porque cada año eran sacrificados a los ídolos un promedio de unas 20,000 personas (entre hombres, mujeres y niños) a ídolos como Quetzacóatl, el dios serpiente, o Tláloc, el dios de la lluvia y del sol.

Poco tiempo después, el obispo Fray Juan de Zumárraga, acompañado de 12 franciscanos y de algunos dominicos, fueron enviados para evan­gelizar este pueblo. La labor se mostraba difícil, pues los indígenas no querían convertirse. Sólo una intervención divina podía unificar estas dos culturas. Dios, movido por las oraciones de estos misioneros acudió en su ayuda.

ORIGEN DE LA IMAGEN

El 8 de diciembre de 1531 ocurrió un acontecimiento extraordinario que ayudó a este nuevo país a convertirse en uno de los más católicos del mundo. En la mañana de ese día, un pobre indio, Juan Diego, cuando se dirigía a la iglesia para oír Misa, vio a una hermosa Señora. Ella le pidió que fuera a ver al obispo para que se construyese en ese lugar una iglesia en su honor. El obispo le pidió una señal, la cual le fue concedida, pues cuando Juan Diego se presentó por tercera vez al obispo, el 12 de diciembre, su manto mostró impresa la imagen de la Santísima Virgen.

Tan sólo unas horas más tarde, la noticia se había difundido sin la ayuda de ningún comunicado oficial, y ya eran miles los indios que se agolpaban ante la plaza para ver la imagen milagrosa de la que se presentaba como su Madre. Estas conversiones continuaron y pronto llegaron hasta la cifra de 8 millones en pocos años. Los historiadores dicen que más de 15,000 indios venían a diario para recibir el santo Bautismo.

SU NOMBRE

El nombre mismo de esta Señora era en su dialecto «Coatlaxoupeuh», es decir, «la que aplasta la serpiente de piedra». Era el anuncio de la muerte de Quetzacóatl, el dios serpiente.

Cada detalle de esta imagen era un símbolo perfectamente com­prensible para los indígenas. Está de pie, sobre una media luna negra. Esta luna representaba a su diosa, la terrible Coyolxauhqui, la reina de las tinieblas, enemiga de la luz. Está delante del sol, que era el más temible de sus dioses. El sol, la luna y las estrellas representaban para ellos la vida.

La disposición de las estrellas coincide exactamente con el cielo tal como se podía ver en ese día 12 de diciembre de 1531, día en el que Ella dio su imagen. Esta fecha era muy importante para los aztecas pues el solsticio de invierno significaba el comienzo de una nueva era de vida gracias a un nuevo sol.

EL MENSAJE DE LA REINA DEL CIELO

Pero quizás el símbolo principal era la crucecita que se ve en el cuello de su vestido, como un broche. En ella los nativos reconocían la cruz que veían en los barcos españoles, la misma que predicaban los franciscanos y dominicos. Si esta Señora decía que era su Madre y tenía la Cruz, era que los misioneros tenían razón y que la religión que predicaban era la verdadera. No olvidemos que el tono de su piel y lo negro de su cabello y ojos eran la prueba de que no era una extraña, sino una de los suyos.

Cada dibujo de su manto es un mensaje. Las grandes flores que utilizaban para decorar sus monumentos simbolizaban la presencia de Dios. El nombre de esta flor era «nahui ouin», flor del sol. Los brazaletes que lleva son los mismos que llevaban las siervas de los grandes señores. El ceñidor negro daba a conocer que estaba embarazada. «Yo soy la Santísima Virgen María, Madre del verdadero Dios» le dijo a Juan Diego.

De este modo es fácil comprender por qué tantos indios abrazaron la fe católica: esta imagen era portadora de un mensaje y les hablaba...

Era, además, un aliento para los misioneros: Ella se encargó de transformar el país. Apenas 6 años de la aparición y ya se iniciaba una universidad, facultades, artes, ciencias, la primera imprenta, el primer hospital...

ANTE EL RETO DE LA CIENCIA

Los años han ido pasando y la ciencia se ha perfeccionado. Vino el escepticismo y los hombres empezaron a dudar de todo lo que no se podía comprobar de un modo científico.

Los indios no tenían necesidad de probar nada, pues les bastaba el mensaje que portaba la imagen. Tristemente, el hombre moderno ha perdido esta sencillez.

Con este motivo, se empezaron a hacer algunas pruebas científicas sobre la imagen, y ¡oh sorpresa!, todas, absolutamente todas, confirman que esta imagen no ha sido pintado por mano humana, sino que es enteramente sobrenatural.

INTERROGANTES DE LA IMAGEN

Si queremos resumir, en la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe se señalan las siguientes interrogantes para la ciencia:

1) La costura de la tilma enig­máticamente desviada. El hilo que une las dos partes de que consta el Sagrado Lienzo se ladeó al llegar al rostro para no afear su hermosura.

2) Su aspereza y suavidad extrañamente simultáneas. Por el anverso, donde aparece la imagen, la tela es suave como la seda; y por el reverso es áspera y llena de aristas.

3) Su inmunidad contra el polvo y la polilla. Jamás le toca un solo átomo de polvo y la respeta todo el linaje de insectos que destruyen cuanto encuentran.

4) Su protección contra la humedad y el salitre. Ni las aguas del lago de Texcoco la humedecieron nunca, ni su nitro demoledor menoscabó lo más mínimo su santa imagen.

5) Su inmunidad frente a la acción del ácido nítrico que quema y deshace, no le dañó cuando en 1791 le tocó gran cantidad. Consta en auténtico documento.

6) Su neutralidad contra el fuego y la pólvora. Ni la llama de las ceras durante 116 años que no tuvo cristal ni la bomba de 1821 le hicieron mella. Se neutralizó su fuerza.

7) Su pintura sin preparación del lienzo. Los pintores se asombran de cómo pudo estamparse la imagen en un lienzo tan ralo y sin aparejo. No alcanzan a comprenderlo.

8) Su continuada y sorprendente aparición. La efigie guadalupana es más duradera que sus templos, que hace más de cuatro siglos se levantan, restauran y derrumban.

9) Juan Diego en los ojos de la Virgen Guadalupana. En los ojos de la Virgen aparece Juan Diego y en la parte superior de su tilma se mira el rostro de la celestial señora.

LA HUMILDE TILMA

El primer milagro que no pudo refutar la ciencia moderna es que la tela no ha sufrido ninguna degradación natural. La imagen impregnó la tilma de Juan Diego, que estaba hecha de ayate, es decir, una planta común de aquella región. Normalmente, bastan unos veinte años para que se produzca la descomposición de la tilma: y, sin embargo, desde hace ya 450 años, permanece intacta.

Y por si fuera poco, durante más de un siglo la imagen estuvo expuesta en la iglesia sin ninguna protección, siendo tocada por cientos de miles de peregrinos y por los signos de piedad que lo rodean. Además, ¿a quién se le hubiese ocurrido pintar una tal imagen en una tela tan burda?

Los pigmentos son igualmente un misterio. Los experimentos que se han hecho sobre este tema prueban que se ignora totalmente su procedencia, y que estos colores no son ni vegetales ni animales ni minerales. Evidentemente, en aquella época no existían los colorantes artificiales.

LOS OJOS DE LA MADRE DE DIOS

Los ojos de la Virgen representan el mayor de los prodigios. Desde 1956, han sido observados por científicos, oftalmólogos y cirujanos. El Doctor Javier Torroella Bueno, del Instituto Mexicano de Oftalmología de San Cristóbal de las Casas, declaró después de un análisis que en los ojos de la Virgen se pueden distinguir: en el ojo derecho, la imagen de un hombre con barba que puede ser visto con una lupa. En el ojo izquierdo, esta imagen se repite, y ambas siguen perfectamente las leyes de la vista.

El doctor Rafael Torija Lavagnet, después de un exhaustivo examen certifica: «­Que el reflejo de un busto humano se observa en el ojo derecho de la imagen. Que el reflejo de ese busto humano se halla situado en la córnea. Que la distorsión del mismo corresponde a la curvatura normal de la córnea. Que, además del busto humano, se observan en dicho ojo dos reflejos luminosos, correspondientes a las tres imágenes de Sanson-Purkinje. Que estos reflejos luminosos se hacen brillantes al reflejar la luz que se le envía directamente. Que los reflejos luminosos mencionados demuestran que efectivamente el busto humano es una imagen reflejada en la córnea y no una ilusión óptica, causada por algún accidente de la contextura del ayate. Que en la córnea del ojo izquierdo de la imagen original guadalupana se percibe con suficiente claridad el reflejo correspondiente del citado busto humano».

LA VIRGEN QUE FORJÓ UNA PATRIA

El pueblo mexicano jamás dudó de la autenticidad y del origen de esta imagen. Es Ella quien vive en el corazón de todos los mexicanos.

«No temas», le dijo la Santísima Virgen a Juan Diego... «¿No estoy Yo aquí que soy tu Madre?». No olvidemos las palabras del Papa Benedicto XIV cuando vio por primera vez una copia de la Virgen de Guadalupe: Non fecit taliter omni natione: «No ha hecho nada semejante en ninguna otra nación».