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Sábado de la segunda semana de Cuaresma

Marzo 18, 2017

En este breve artículo, veremos la explicación de la colecta, epístola y evangelio del sábado de la segunda semana de Cuaresma.

La Estación se celebra en la iglesia de los Santos Pedro y Marcelino célebres mártires de Roma, de la persecución de Diocleciano cuyos nombres se hallan inscritos en el Canon de la Misa.

COLECTA
Suplicámoste, Señor, des a nuestros ayunos efecto saludable: para que el castigo de nuestra carne acreciente el vigor vital de nuestras almas. Por el Señor.

EPÍSTOLA
Lección del libro del Génesis.

En aquellos días dijo Rebeca a su hijo Jacob: Oí a tu padre hablando con tu hermano Esaú, y diciéndole: Tráeme de tu caza, y hazme alimentos, para que coma, y te bendiga delante del Señor antes que muera. Ahora bien, hijo mío, acepta mis consejos: y, yendo al rebaño, tráeme los dos mejores cabritos, para que haga con ellos alimentos a tu padre, que gusta mucho de ellos: para que, después que se los presentes y los coma te bendiga antes que muera. A lo cual respondió él: Sabes que mi hermano Esaú es un hombre velludo, y yo soy lampiño: si me palpare mi padre, y lo advirtiere, temo crea que quise burlarle, y acarree sobre mí su maldición en vez de su bendición. A lo que dijo la madre: Caiga sobre mí esa maldición, hijo mío: escucha solamente mi voz; y, yendo, tráeme lo que te he dicho. Fue y lo trajo, y se lo dio a la madre. Ella preparó los alimentos, conforme sabía los quería su padre. Y le vistió con los mejores vestidos de Esaú que había en casa: y envolvió las manos en las pieles de los cabritos, y cubrió el desnudo del cuello. Y le dio el plato, y le entregó los panes que había cocido. Presentados los cuales, dijo: ¡Padre mío! Y él respondió: ¿Quién eres tú, hijo mío? Y dijo Jacob: Yo soy tu primogénito Esaú: he hecho como me mandaste: levántate, siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma. Y de nuevo Isaac a su hijo: ¿Cómo, dijo, pudiste encontrar tan pronto, hijo mío? El respondió: Ha querido Dios que me saliera pronto al paso lo que buscaba, Y dijo Isaac: Acércate aquí, para que te toque, hijo mío, y pruebe a ver si eres tú mi hijo Esaú, o no. Se acercó él al padre, y, habiéndole palpado, dijo Isaac: La voz, ciertamente, es la voz de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú. Y no le conoció, porque las manos vellosas le asemejaban al mayor. Bendiciéndole, pues, dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Respondió: yo soy. Y él: Dame, dijo, el alimento de tu caza, hijo mío, para que te bendiga mi alma. Y, habiéndoselo presentado, después que comió de él, le ofreció también vino. Bebido el cual, le dijo: Acércate a mí, y dame un beso, hijo mío. Se acercó, y le besó. Y, tan pronto como sintió la fragancia de sus vestidos, bendiciéndole, dijo: He aquí el olor de mi hijo, olor como el del campo maduro, bendecido por el Señor. Déte Dios el rocío del cielo y la fertilidad de la tierra, abundancia de pan y vino. Y sírvante los pueblos, y adórente las tribus: sé el señor de tus hermanos, y cúrvense ante ti los hijos de tu madre. El que te maldijere, maldito sea: y, el que te bendijere, sea colmado de bendiciones. Apenas había concluido de hablar Isaac y de salir fuera Jacob, vino Esaú, y presentó al padre el plato de la caza cocida, diciendo: Levántate, padre mío, y come de la caza de tu hijo, para que me bendiga tu alma. Y díjole Isaac: Pues, ¿quién eres tú? El respondió: Soy tu hijo primogénito Esaú. Espantóse Isaac con gran estupor, y maravillado más de lo que se puede creer, dijo: ¿Quién fue, pues, el que me trajo hace poco la caza cogida, y comí de todo, antes que tú vinieses? Y le bendije, y será bendito. Cuando oyó Esaú las palabras del padre, rugió con gran clamor, y dijo consternado: Bendíceme también a mí, padre mío. El cual dijo: Vino tu hermano fraudulentamente, y recibió tu bendición. Y él añadió: Con razón le llamaron Jacob: pues me suplantó ya dos veces: primero me quitó mi primogenitura, y ahora, por vez segunda, me ha arrebatado mi bendición. Y de nuevo al padre: ¿Por ventura, dijo, no has reservado también para mí una bendición? Respondió Isaac: Le he constituido a él señor tuyo, y he sometido bajo su servidumbre a todos sus hermanos: le he proveído de pan y de vino; y, después de esto, ¿qué podré hacer por ti, hijo mío? A lo cual Esaú: ¿No tienes, dijo, más que una sola bendición, padre mío? Suplicóte me bendigas también a mí. Y, como llorase con grandes gritos, conmovido Isaac, le dijo: En la fertilidad de la tierra, y en el rocío del cielo estará tu bendición.

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