¡Ceremonias en nuestros seminarios!

El 2 de febrero es la fecha tradicional en la cual los seminaristas del hemisferio norte toman la sotana. Descubra los reportájes fotográficos.

En el seminario de Zaitzkofen - Alemania

En el seminario de Flavigny - Francia

En el seminario de Winona - Estados Unidos de América

La toma de la sotana

La primera ceremonia que marca profundamente a los seminaristas es la toma de la sotana. En ese día, concretan su don total a Nuestro Señor Jesucristo con el abandono definitivo del hábito secular, revistiéndose con el hábito eclesiástico.

Además de su valor simbólico, la sotana es al mismo tiempo una protección para el que la lleva y un valioso medio de apostolado.
 

La tonsura

Aunque la toma de sotana sea un acontecimiento importante para el seminarista, la tonsura lo es aún más, porque conduce a la clericatura, consagrándolo a los ministerios divinos, introduciéndolo en la jerarquía de la Iglesia y preparándolo así a la recepción de las órdenes sagradas.

La Iglesia, fundada por Jesucristo, es una sociedad perfecta, siempre viva y fecunda, que capta a sus propios miembros y se perpetúa a sí misma. Siendo esencialmente una y jerárquica, se compone de clérigos y de laicos, de superiores y de subordinados, gobernados por los obispos, que a su vez se someten a la autoridad del Sumo Pontífice.
 

El ostiario

La primera de las órdenes menores es el ostiariado. Confiere el cargo de abrir y cerrar la iglesia, de apartar de ella a las personas indignas, y de guardar los vasos, ornamentos sagrados, etc.

La virtud especial que requiere es el celo por la casa de Dios y las almas. Durante la ordenación, el ostiario recibe del obispo las llaves, símbolo de la casa de Dios y de todo lo que encierra, puesto que es el guardián de ella; y toca la campana, porque su función al servicio del Cuerpo Místico es la de llamar a los fieles a las ceremonias sagradas.
 

El lector

La segunda orden menor es la de lector. El lector tiene como función leer los libros sagrados, sobre todo en el oficio de Maitines, y enseñar el catecismo. Puede también bendecir el pan y los frutos nuevos.

Sus virtudes especiales son el amor y el estudio de las Escrituras, así como el celo por la santificación de los fieles. Se requiere una fe profunda para cumplir santamente estas funciones. Durante la ordenación, el lector toca el libro de las lecturas divinas, como signo de su nueva misión.