Declaración de Mons. Bernard Fellay

Sobre la nueva pastoral del matrimonio según el Cardenal Kasper

¿Qué sucederá en la asamblea extraordinaria del Sínodo de obispos que debe reunirse del 5 a 19 de octubre de 2014, consagrada a los “desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”? Esta pregunta se plantea con gran inquietud desde que, en el último Consistorio (20 de febrero de 2014), el Cardenal Walter Kasper, a pedido del Papa Francisco y con su pleno apoyo, presentó el tema del próximo Sínodo haciendo aperturas pretendidamente pastorales pero doctrinalmente escandalosas.

Esta ponencia, que en principio debería haber permanecido secreta, fue publicada en la prensa y los acalorados debates que ha suscitado entre los miembros del Consistorio terminaron siendo reveladas también. Un académico no ha dudado en hablar de una verdadera “revolución cultural” (Roberto de Mattei), y un periodista ha calificado de “cambio de paradigma” el hecho que el Cardenal Kasper proponga que los divorciados “vueltos a casar” puedan comulgar sin que el matrimonio anterior haya sido declarado nulo ―lo que “actualmente no es el caso, sobre la base de palabras de Jesús, muy severas y explícitas sobre el divorcio.” (Sandro Magister)

Algunos prelados se han levantado contra este cambio, como el Cardenal Carlo Caffara, arzobispo de Bolonia, que se pregunta: “¿Qué pasa con el primer matrimonio celebrado y consumado? Si la Iglesia admite (a los divorciados “vueltos a casar”) a la Eucaristía, debe asimismo juzgar como legítima la segunda unión. Es lo lógico.  Pero entonces ― como lo preguntaba― ¿qué sucede con el primer matrimonio? El segundo, se dice, no puede ser un verdadero matrimonio, pues la bigamia va contra la palabra del Maestro. ¿Y el primero? ¿Ha sido disuelto? Pero los Papas han enseñado siempre que el poder del Papa no llega a tanto: sobre el matrimonio celebrado y consumado, el Papa no tiene ningún poder. La solución expuesta (por el Cardenal Kasper) conduce a pensar que el primer matrimonio permanece, pero que hay no obstante una segunda forma de cohabitación que la Iglesia legitima. (…) La cuestión de fondo es, pues, simple: ¿Qué ha pasado con el primer matrimonio? Nadie responde”. (Il Foglio, 15/03/14)

Se podrían agregar las serias objeciones formuladas por los Cardenales Gerhard Ludwig Müller, Walter Brandmüller, Angelo Bagnasco, Robert Sarah, Giovanni Battista Re, Mauro Piacenza, Angelo Scola, Camillo Ruini… Pero estas objeciones permanecen también sin respuesta.

No podemos esperar, sin elevar la voz, que el Sínodo se reúna en octubre en el espíritu desastroso que le quiere dar el Cardenal Kasper. El estudio ajunto, titulado “La nueva pastoral del matrimonio del Cardenal Kasper”, muestra los graves errores contenidos en su ponencia. No denunciarlos equivaldría a dejar una puerta abierta a los peligros que señala el Cardenal Caffara: “Habría (así) un ejercicio de la sexualidad humana extra-conyugal, que la Iglesia consideraría como legítimo. Pero con ello se destruye el pilar de la doctrina de la Iglesia sobre la sexualidad. A estas alturas uno se podría preguntar: ¿por qué no se aprueba la unión libre? ¿Y por qué no las relaciones entre homosexuales?” (Ibidem)

Mientras que numerosas familias se movilizaron valientemente en estos últimos meses contra las leyes civiles que por doquier socavan la familia natural y cristiana, es verdaderamente escandaloso ver esas mismas leyes subrepticiamente sostenidas por hombres de Iglesia que desean acomodar la doctrina y la moral católicas a las costumbres de una sociedad descristianizada, en lugar de tratar de convertir las almas. Una pastoral que viola la enseñanza explícita de Cristo sobre la indisolubilidad del matrimonio no es misericordiosa sino injuriosa para con Dios, que concede a cada uno su gracia de manera proporcionada, y cruel para con las almas, que encontrándose en situaciones difíciles, reciben esta gracia que necesitan para vivir cristianamente e incluso crecer en la virtud, hasta el heroísmo.

Menzingen, 12 de abril de 2014

+ Bernard Fellay
Superior General de la Fraternidad San Pío X