El Concilio Vaticano II

Todos están de acuerdo en reconocer en este Concilio un gran momento de la vida de la Iglesia Católica. Sin embargo, si bien los unos lo han considerado como una "nueva Pentecostés", una "primavera para la Iglesia", los otros han visto en él, regocijándose o inquietándose, según el caso, una "revolución en capa y tiara", "1789 en la Iglesia1", o aún "la tercera guerra mundial2" del siglo XX. Es la razón por la cual les presentamos una serie de textos al respecto:

 

  • 1. Cardenal Suenens
  • 2. Mons. Marcel Lefebvre

¿Qué debe pensarse sobre el Concilio Vaticano II?

El Concilio Vaticano II fue una reunión de los dos mil quinientos obispos de todo el mundo durante cuatro sesiones, desde octubre de 1962 a diciembre de 1965. El Papa Juan XXIII, en su alocución de apertura al Concilio (11-10-1962) declaró que su finalidad era que la fe católica se conservase y enseñase, pero que se enseñase en el lenguaje del hombre moderno con un magisterio "de carácter prevalentemente pastoral", sin recurrir a condenaciones, sino haciendo un llamamiento a todos los pueblos. El Papa Pablo VI concuerda con su predecesor: el Concilio Vaticano II "fue un acontecimiento importantísimo porque (…) ante todo buscó las necesidades pastorales y, alimentándose en la llama de la caridad, hizo un gran esfuerzo para llegar no sólo a los cristianos todavía separados de la comunión con la Santa Sede, sino también a toda la familia humana" (breve de clausura, 08-12-1965).

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El problema planteado por un nuevo Magisterio

El discurso del Papa Juan XXIII durante la apertura del Concilio Vaticano II (el 11 de octubre de 1962),[1] la alocución del mismo dirigida al Sacro Colegio el 23 de diciembre de 1962,[2] y el discurso de Benedicto XVI del 22 de diciembre de 2005[3] indican la intención del Concilio, que debe corresponder a la de un “Magisterio pastoral.” El Vaticano II quiso expresar la fe de la Iglesia siguiendo los modos de búsqueda y de formulación literaria del pensamiento moderno, y redefinir la relación de la fe de la Iglesia con respecto a ciertos elementos esenciales de dicho pensamiento.

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La Libertad Religiosa

La libertad religiosa fue condenada por el Papa Gregorio XVI (1830-1846) en la encíclica Mirari vos, del 15 de agosto de 1832; luego por el Papa Pío IX (1846-1878) en la encíclica Quanta cura, del 8 de diciembre de 1864. La declaración Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa contradice explícitamente las enseñanzas del Magisterio anterior.

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El Ecumenismo

El ecumenismo pretende alcanzar la unidad religiosa en todo el mundo. Lo mismo que en el caso de la libertad religiosa, la doctrina católica y el modernismo enfocan el ecumenismo de manera diferente, basándose en la comprensión o percepción que cada persona tiene de la verdad.

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La nueva Eclesiología y la Colegialidad

El Capítulo 3 de la constitución Lumen gentium presenta una nueva definición de la constitución jerárquica de la Iglesia, mejor conocida bajo el nombre de “colegialidad”. Ésta fue retomada por el Nuevo Código de Derecho Canónico de 1983, en el canon 336. El Papa Juan Pablo II declaró, durante la promulgación de este Nuevo Código: “Esta nota de colegialidad que caracteriza y distingue todo el proceso de creación de este nuevo Código corresponde perfectamente al Magisterio y al carácter del Concilio Vaticano II”. Al agregar incluso que el Nuevo Código quiso presentar la Iglesia como el Pueblo de Dios, cuya constitución jerárquica “aparece fundada sobre el Colegio de los Obispos, unido a su cabeza”.

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El Concilio y la Santísima Virgen María

“Todas las generaciones me dirán bienaventurada.” (Luc 1,48) Por primera vez en la historia de la Iglesia un concilio ecuménico iba a hacer mentir esta profecía del Magníficat. Mientras que los esquemas preparatorios del Concilio glorificaban a la Virgen María proclamando el dogma de su mediación universal, los modernistas, quienes en su inicio tomaron las riendas del Concilio, resolvieron silenciar las alabanzas marianas en la Iglesia. Se dice que el rechazo a la Virgen María es el sello distintivo de las sectas hostiles a la iglesia. Los modernistas, rechazando a la Virgen, transformaron un concilio de obispos católicos, en lo que desde entonces se llama la "secta conciliar.

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¿Cuál es el problema con la Nueva Misa?

La Fe católica se manifiesta a través de las oraciones oficiales de la Iglesia, es decir, la liturgia, de la cual la Misa es la expresión más perfecta. Desde el Concilio Vaticano II, la naturaleza de la Misa ha sido alterada considerablemente por un nuevo rito.​

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¿Debemos aceptar el nuevo Código de Derecho?

Un código es una colección de leyes, siendo cada una de ellas una orden de la autoridad competente: cada canon del Código de 1917 era una ley de Benedicto XV, y cada canon el Código de 1983 (comúnmente llamado ahora “nuevo código”) es una ley de Juan Pablo II.

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¿Qué debemos pensar del nuevo Catecismo?

Esta cuestión ilustra las diferencias fundamentales entre la Fraternidad San Pío X y los “tradicionalistas” conciliares, o conservadores. A éstos se les ve a menudo defendiendo la Misa latina y este Nuevo Catecismo, pero no atacando abiertamente la Nueva Misa ni el Concilio Vaticano II, mientras que la Fraternidad San Pío X defiende los catecismos tradicionales y por tanto la misa antigua, y también ataca el Novus Ordo, el Concilio Vaticano II y el Nuevo Catecismo, todos los cuales en mayor o menor medida minan nuestra fe católica inmutable.

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