El contenido teológico del mensaje de Fátima

Según Sor Lucía, el mensaje de Fátima se divide en tres partes que están íntimamente relacionadas. Las dos primeras fueron ya reveladas, la tercera debe serlo aún. Vayamos, pues, por partes.

El primer secreto, o primera parte del secreto, es la famosa visión del infierno. Esta horrible visión es la que abre el secreto de Fátima. Por ella, Nuestra Señora nos recuerda lo esencial, la única cosa importante: nuestra eternidad.

Esta primera parte del secreto es de una importancia primordial. Más que el anuncio de hambres, guerras y persecuciones, Nuestra Señora quiere recordarnos ese infierno eterno que nos amenaza. En Fátima, pues, la Santísima Virgen vino a recordar a nuestro siglo apóstata, racionalista y materialista, una de las verdades mayores de nuestra fe.

«Nuestra Señora abrió de nuevo sus manos. El haz de luz proyectado pareció penetrar la tierra y nos vimos como en un océano de fuego. Dentro de ese fuego estaban sumergidos los demonios y almas en forma humana, negros y ardientes, semejantes a brasas transparentes. Sostenidas en el aire por las llamas, ardían por todas partes igual que las chispas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre grandes gritos y aullidos de odio y de desesperación que hacían temblar de espanto. Fue seguramente ante esta visión de dolor que lancé aquel “¡Ay!” que dicen haber oído de mí. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y repugnantes de animales espantosos y raros, pero transparentes, igual que carbones encendidos. Esta visión duró sólo un instante y tuvimos que agradecer anticipadamente a nuestra cariñosa Madre del Cielo que nos hubiera prometido llevarnos al cielo; de otra suerte, creo que hubiéramos muerto de terror y de miedo. Entonces, como para pedir socorro, levantamos los ojos hacia la Santísima Virgen, que nos dijo con ternura y tristeza: “habéis visto el infierno, donde van a parar las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a mi Corazón Inmaculado”».

Tal es el contenido de la primera parte del secreto. Sor Lucía declaró al padre Fuentes en diciembre de 1957:
 

Mi misión no es indicar al mundo los castigos materiales que seguramente vendrán si el mundo no reza y hace penitencia. No. Mi misión es indicar a todos el inminente peligro en que estamos de perder nuestra alma para siempre si permanecemos obstinados en el pecado".

¿Cuál es el remedio que el Cielo nos propone para evitar este terrible mal? Uno solo: El Corazón Inmaculado de María. Esta es la característica central del mensaje de Fátima: la revelación del Corazón Inmaculado de María como último medio de salvación para las almas. «Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado». Esta última frase de Nuestra Señora constituye, pues, el «secreto dentro del secreto», lo esencial y lo más importante del mensaje de Fátima. Nuestra Señora revela así el Corazón de Dios: Él ama a María más que todo, eternamente, con un amor de predilección sin igual, y quiere que Ella sea glorificada, honrada, amada y servida por todas sus demás criaturas. De esta voluntad primera de Dios, se deriva su otra voluntad de constituirla Medianera Universal de todas las gracias e instrumento de la salvación de nuestras almas. Dios quiere que la devoción al Corazón Inmaculado de María se extienda al mundo entero, y quiere que se «establezca», es decir, que no se trata solamente de una devoción privada que puede nacer, florecer y luego desaparecer, sino de un culto público, solemne y estable, y por lo tanto litúrgico, reconocido, patrocinado y difundido por la jerarquía misma de la Iglesia. Así, la revelación de Fátima viene a completar la de Paray-le-Monial, y la devoción al Corazón de María viene a unirse a la devoción al Corazón de Jesús reclamada por el cielo desde hace tres siglos. Estas dos devociones son absolutamente inseparables e indisociables. Tal es el gran designio de nuestro Padre Celestial para «los últimos tiempos de la historia». El reinado y el triunfo universal de sus dos corazones unidos.

Si la primera parte del secreto nos revela a María como salvación de las almas, la segunda parte del mismo nos la revela como la salvación de las naciones. En efecto, en esta segunda parte del secreto se trata de las naciones y de la Iglesia, de salvación temporal: para las naciones, la paz o la guerra; para la Iglesia, la libertad o las persecuciones. En resumen, aunque la palabra misma no se encuentre, el tema principal de esta segunda parte del secreto es la salvación temporal de la cristiandad por el Corazón Inmaculado de María. Y por eso el secreto de Fátima es un mensaje de alcance universal, pues cada una de sus proposiciones concierne al futuro del Papado, de la Iglesia y del mundo. El plan lógico de este segundo secreto es como sigue: después de haber dicho que «para salvar a los pecadores Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a mi Corazón Inmaculado».

Primera exposición de las promesas

«Si se hace lo que voy a deciros, muchas almas se salvarán y habrá paz. La guerra va hacia el fin».

Primera exposición de los castigos

«Pero si no se cesa de ofender a Dios, bajo el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, será la gran señal que Dios os da de que está próximo el castigo de los crímenes del mundo, por medio de la guerra, el hambre y las persecuciones contra la Iglesia y contra el Santo Padre».

La petición de Nuestra Señora, condiciones de la salvación

«Para impedir eso vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora de los primeros sábados de mes».

Segunda exposición de las promesas

«Si se escuchan mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz».

Segunda exposición de los castigos

«Si no, ella (Rusia) propagará sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados. El Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas».

Para comprender bien el alcance de esta segunda parte del secreto, hay que tener siempre ante los ojos la frase central de todo el mensaje: «Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado». El gran designio de Dios sobre nuestro siglo es, como ya hemos visto, hacer conocer, alabar y glorificar, por todas las almas y también por todas las naciones, al Corazón Inmaculado de María. Es porque Él quiere que Ella reciba en todas partes un culto solemne, oficial y público, porque quiere que Ella reine efectivamente en la Iglesia y sobre todos los pueblos, que Dios le ha confiado incomparables tesoros de gracia para que Ella los comunique, no sólo a las almas para su salvación eterna, «para salvarlas» -tal es el tema de la primera parte del secreto-, sino también sobre toda la cristiandad, para su salvación temporal -y es lo esencial y específico de la segunda parte del secreto-.

Una sola palabra basta para evocar todos estos beneficios de orden temporal: la paz. Pero bien: en su amor hacia Ella y su deseo de hacer de Ella la medianera de todas las gracias y la dispensadora de todos los bienes, la Trinidad Santa ha querido que Ella sea, en nuestro siglo, la fuente y la depositaria única y obligatoria del don divino de la paz. Es lo que la pequeña Jacinta solía repetir a Lucía: «que se pida la paz al Corazón Inmaculado de María, pues Ella es a quien Dios la ha confiado».

Y Nuestra Señora, con bondad materna, ha querido precisarnos de qué manera debemos pedirle este precioso don para ser escuchados gracias a su Mediación poderosa:

Por el rezo cotidiano del Santo Rosario, como lo indicó los días 13 de mayo y 13 de julio de 1917: «quiero que continuéis rezando el Rosario cada día en honor de Nuestra Señora del Rosario para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra»;

Por la práctica de los primeros cinco sábados de mes, que vendrá a pedir a Sor Lucía en el año de 1925, en Pontevedra;

Por la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado, que Ella vendrá a pedir a Sor Lucía en el año 1929, en Tuy.

Es, pues, por esos “pequeños medios” sin apariencia, simples y débiles, que Dios quiere llegar a sus designios. Establecer sobre la tierra el reinado del Corazón Inmaculado de María, no sólo sobre las almas, sino sobre cada una de las naciones y sobre la Cristiandad entera.

«Si se escuchan mis peticiones... si no...»: tal es, en definitiva, la alternativa de la cual Dios ha querido hacer depender el futuro de la humanidad. Si Rusia no es consagrada al Corazón Inmaculado de María, si la devoción reparadora de los primeros sábados no es propagada, Dios hará de Rusia y de su comunismo, de sus errores perniciosos y de las guerras sanguinarias, el azote devastador y el látigo de su cólera sobre toda la humanidad. Por eso, la alternativa del primer secreto (el cielo o el infierno para toda la eternidad) se convierte en esta segunda parte en otra alternativa o el bien de la paz y la buena vida cristiana bajo la mirada benévola y protectora de la Virgen Inmaculada, por el reconocimiento social de sus privilegios y derechos, o la guerra, el hambre, las persecuciones, la sangre, las lágrimas y el Gulag soviético.

El tercer secreto que sigue inmediatamente a las palabras «varias naciones serán aniquiladas», permanece oculto. Sin embargo, tenemos numerosos datos para saber qué contiene.

En primer lugar, hay tres informaciones objetivas que nos permiten progresar en su conocimiento.

Conocemos el contexto del tercer secreto, con el cual debemos armonizar y concordar perfectamente. Ahora bien, la frase que sigue al tercer secreto, y que se ha dado a conocer, es la siguiente: «Al fin, mi Corazón Inmaculado triunfará; el Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será dado al mundo un tiempo de paz. En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe».

Sabemos que los sucesivos Papas se han negado a publicarlo a causa de su contenido.

La profecía del tercer secreto se realiza ya ante nuestros ojos; en efecto, Nuestra Señora pidió que se revelara a más tardar en 1960, porque entonces se comprendería mejor su contenido; ahora bien, una profecía sólo se comprende mejor cuando se empieza a realizar.

En segundo lugar, podemos también rechazar falsos secretos y falsas hipótesis. Así, el tercer secreto no es una simple invitación a la conversión, a la oración y a la penitencia, pues eso lo pidió abiertamente Nuestra Señora, y no se comprendería por qué Nuestra Señora pidió que se mantuviera oculto durante algún tiempo. No es tampoco una profecía de felicidad: si así fuese, los Papas no habrían tenido ningún inconveniente en revelarlo. No es tampoco el anuncio del fin del mundo, pues Nuestra Señora promete el triunfo de su Corazón Inmaculado. Ni el anuncio de una tercera guerra mundial, pues los males materiales y los castigos temporales de las naciones ya fueron el objeto de la segunda parte del secreto.

En tercer lugar, tenemos indicios para investigar cuál es el tema del tercer secreto, y que podríamos reunir así: El Corazón Inmaculado de María, único y último remedio para la salvación espiritual de la Iglesia.

Se trata de un castigo espiritual: la pérdida de la fe, la apostasía. «En Portugal se conservará siempre el dogma de la fe». Estas palabras, explica el padre Alonso, el gran experto sobre Fátima, insinúan con toda claridad un estado crítico de la fe que sufrirán otras naciones, mientras que Portugal conservará el dogma de la fe. Si en Portugal se guardará el dogma de la fe, podemos deducir con toda lógica que en otras partes no será conservado. Una tal crisis de la fe, a la escala de varias naciones o de continentes enteros, tiene un nombre en la Sagrada Escritura: la apostasía.

Este castigo espiritual será debido a un grave incumplimiento por parte de la jerarquía católica. ¿Cómo podría venir a perderse «el dogma de la fe», sin que haya una debilidad de aquel o aquellos cuyo cargo principal consiste precisamente en conservar intacto el depósito de la fe en el seno de la Iglesia? Por eso el padre Alonso escribía también: «Es muy probable que el texto del tercer secreto haga alusiones concretas a la crisis de la fe de la Iglesia y a la negligencia de los mismos pastores». Habla también de «luchas intensas en el seno mismo de la Iglesia y de graves negligencias pastorales de la jerarquía más elevada». El anuncio de tales defecciones explicaría, por una parte, la dificultad que experimentó Sor Lucía en redactar el texto del tercer secreto, y por otra parte, el cuidado de la misma jerarquía en mantenerlo oculto por completo.

Se habla también de una desorientación diabólica. Varios textos de Sor Lucía hablan de esta desorientación diabólica de la cual le habló la Santísima Virgen, desorientación que debía afectar a las personas que ocupan las mayores responsabilidades en el seno de la Iglesia Católica. Sor Lucía deja entender que es la misma fe la que se encuentra atacada: ella habla de «falsas doctrinas», de «ceguera», y deplora que tantos pastores «se dejan dominar por la ola diabólica que invade el mundo».

Resumiendo, el mensaje de Fátima es la revelación al mundo del siglo XX de la mediación todopoderosa del Corazón Inmaculado de María, medio obligatorio, no sólo para la salvación de las almas, sino también para la paz temporal de las naciones y de la Iglesia, y para su salvación eterna. Desde entonces, la devoción al Corazón Inmaculado de María se nos presenta como la prenda segura de salvación. Nuestra Señora lo precisará el 13 de junio de 1917:

«Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. Prometo la salvación a quien abrace esta devoción; estas almas serán muy queridas por Dios como flores colocadas por mí para adornar su trono».

Para salvarse, entonces, basta adoptar la predilección del Corazón de Jesús hacia la Virgen Inmaculada y probársela cumpliendo sus pequeños pedidos.

Padre José María Mestre Roc