¡Feliz fiesta de San José obrero! - 1 de mayo

Mayo 01, 2020
Origen: fsspx.news

Tradicionalmente, la Iglesia festejaba el 1 de mayo a los santos Felipe y Santiago el Menor, dos apóstoles de Cristo. En 1955, el Papa Pío XII decidió establecer la fecha de la celebración de la solemnidad de San José obrero, con el objetivo de cristianizar un día dedicado al mundo del trabajo.

Detrás de los desfiles, la propaganda del socialismo ateo que predicaba la lucha de clases corría el riesgo de desviar a los fieles del seno de la Iglesia para enlistarlos al servicio del comunismo y la revolución.

Originalmente, sólo se trataba de la fiesta patronal de San José, que el Papa Pío IX ya había establecido para la Iglesia universal en 1847 y fijado para el tercer domingo de Pascua. San Pío X transfirió esta solemnidad en 1913 al miércoles anterior. Pío XII ordenó la reforma completa del oficio litúrgico y estableció el 1 de mayo: "la solemnidad de San José obrero y esposo de la Bienaventurada Virgen María."

El Breviario romano actual presenta así la institución de esta fiesta: "Para que la dignidad del trabajo humano, y los principios que la sustentan sean grabados profundamente en las almas, Pío XII instituyó la fiesta de San José obrero, a fin de que brinde su ejemplo y protección a todas las uniones de trabajadores. A imitación suya, aquellos que ejercen profesiones laboriosas deben aprender con qué espíritu y enfoque llevar a cabo su cargo para que, obedeciendo el principio del orden de Dios, sometan la tierra y contribuyan a la prosperidad económica, obteniendo, al mismo tiempo, las recompensas de la vida eterna.

"Y el guardián previsor de la Familia de Nazaret no abandonará a los que son sus compañeros de oficio y de trabajo: los cubrirá con su protección y enriquecerá sus hogares con riquezas celestiales."

"Muy acertadamente, el Soberano Pontífice ordenó celebrar esta fiesta el 1 de mayo, día que había sido adoptado por las asociaciones de trabajadores. Por lo tanto, podemos esperar que este día, consagrado a San José obrero, no incite al odio ni suscite más conflictos, sino que invite a todos los hombres a realizar cada vez más las acciones que hacen falta a la paz civil, y que impulse a los gobernantes a cumplir activamente las cosas necesarias para el buen orden de la comunidad humana."

Oración a San José obrero

Oh glorioso Patriarca San José, humilde y justo obrero de Nazaret, que has hado a todos los cristianos, pero especialmente a nosotros, el ejemplo de una vida perfecta vivida en el trabajo constante y en la admirable unión con María y Jesús, asístenos en nuestro trabajo diario, a fin de que también nosotros, obreros católicos, podamos encontrar en él el medio eficaz de glorificar al Señor, de santificarnos y de ser útiles a la sociedad en la que vivimos, ideales supremos de todas nuestras acciones.

Alcánzanos de Nuestro Señor, ¡oh amadísimo protector nuestro!, humildad y sencillez de corazón, amor al trabajo y compasión y benevolencia hacia nuestros compañeros de labor, conformidad a la divina voluntad en las penas inevitables de esta vida y alegría para soportarlas, conciencia de nuestra misión social particular y sentido de nuestra responsabilidad, espíritu de disciplina y de oración, docilidad y respeto hacia nuestros superiores, fraternidad hacia los iguales y caridad e indulgencia con nuestros subordinados. Acompáñanos en los momentos prósperos, cuando todo nos invita a gustar honestamente de los frutos de nuestras fatigas; pero sostennos en las horas tristes, cuando parezca que el cielo se cierra sobre nosotros e incluso los instrumentos de trabajo parecen rebelarse en nuestras manos.

Haz que, a imitación tuya, siempre tengamos la mirada fija en nuestra Madre María, tu dulcísima esposa, que, en un rincón de tu modesto taller, hilaba silenciosamente, mostrando en sus labios la más suave y gentil de las sonrisas; haz también que no alejemos la mirada de Jesús, que se afanaba contigo en tu taller de capintería, a fin de que podamos llevar sobre la tierra una vida pacífica y santa, preludio de aquella otra vida eternamente feliz que nos espera en el cielo, por los siglos de los siglos. Así sea.

Oración escrita por el Papa Pío XII en 1958.