¡Feliz fiesta de San Lorenzo! - 10 de agosto

Agosto 10, 2019
Origen: fsspx.news

Comentarios litúrgicos para la fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir.

Oh Roma, alguna vez madre de los dioses falsos, pero ahora Novia de Cristo, ¡es a través de Lorenzo que eres victoriosa! Has conquistado monarcas soberbios y has sometido naciones enteras a tu imperio; pero aunque conquistaste el barbarismo, tu gloria estaba incompleta hasta que derrotaste a los ídolos impuros. Ésta fue la victoria de San Lorenzo, una lucha sangrienta pero no turbulenta, como aquella otra de San Camilo o del César; fue el combate de la fe, donde el yo se inmola y la muerte vence a la muerte misma.

¿Qué palabras, que alabanzas serán suficientes para celebrar tal muerte? ¿Cómo puedo alabar dignamente tan gran martirio? Así comienza el sublime poema de Prudencio, escrito poco más de un siglo después del martirio del santo. En esta obra, el poeta ha preservado las tradiciones existentes en su época, cuando el nombre del diácono romano era tan ilustre.

Casi al mismo tiempo San Ambrosio, con su irresistible elocuencia describía la reunión de Sixto y su diácono mientras se dirigían al martirio. Pero, antes de Ambrosio y Prudencio, el Papa San Dámaso documentó la victoria de la fe de Lorenzo.

En sus majestuosas y monumentales inscripciones, Roma era espléndida en sus demostraciones de honor hacia el paladín que había rezado por su liberación mientras yacía sobre el acero al rojo vivo. Insertó su nombre en el Canon de la Misa, y además celebró el aniversario de su nacimiento al cielo con tanta solemnidad como la de los apóstoles, y con los mismos privilegios de un Virgilio o un Octavio.

Ha sido teñida con la sangre de muchos otros testigos de Cristo, sin embargo, Roma le agradece de forma especial a San Lorenzo, cada uno de los puntos relacionados con él ha sido honrado con una iglesia. Entre todos estos santuarios dedicados a él, el que contiene el cuerpo del mártir sigue en importancia a las iglesias de San Juan de Letrán, Santa María en la Esquilina, San Pedro en el Vaticano y San Pablo en la vía Ostiense.

San Lorenzo extramuros completa el número de las cinco grandes basílicas que conforman el apéndice y posesión exclusiva del Pontífice Romano. Representan a los patriarcados de Roma, Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Jerusalén, donde el mundo queda dividido, y expresa la jurisdicción universal e inmediata de los obispos de Roma sobre todas las iglesias. Es así que a través de San Lorenzo la Ciudad Eterna se completa, y demuestra ser el centro del mundo y la fuente de todas las gracias. Así como San Pedro y San Pablo constituyen las riquezas, no sólo de Roma, sino de todo el mundo, así también San Lorenzo es llamado la gloria del mundo, pues él personificó la valentía del martirio. 

En San Lorenzo, parece que la lucha y la victoria del martirio llegan a su punto máximo; aunque es verdad que las persecuciones se renovaron al siglo siguiente, dando un gran número de víctimas, su triunfo es considerado el golpe final al paganismo.

"El demonio," dice Prudencio, "luchó ferozmente con el testigo de Dios, pero quedó herido y postrado para siempre. La muerte del mártir de Cristo dio el golpe final a la idolatría, y desde ese día Vesta no pudo evitar que su templo quedara abandonado. Senadores ilustres y sacerdotes de Luperco, veneran las tumbas de los apóstoles y los santos. Vemos a los patricios y matronas de las más nobles familias postrarse frente a Dios. El pontífice de los ídolos, cuya frente estaba ceñida con el cinto sagrado, ahora muestra la Cruz, y la virgen vestal Claudia visita el santuario. Oh Lorenzo."

No es de sorprender que la solemnidad de este día lleve la alegría triunfante de la ciudad de las siete colinas al universo entero.

"Así como es imposible que Roma se oculte," dice San Agustín, "igual de imposible es ocultar la corona de Lorenzo."

Tanto en el oriente como en el occidente, se han construido iglesias en su honor; y a cambio, como atestigua el obispo de Hipona, los favores que ha conferido son incontables, y demuestran la grandeza de su poder con Dios; ¿existe acaso alguien que se haya dirigido a él sin ser escuchado? Que en la devoción con que se celebra el triunfo de San Lorenzo en todo el mundo, reconozcamos que es agradable a Dios honrar, con todo el fervor de nuestras almas, el nacimiento para el cielo del mártir que con sus radiantes flamas ha difundido la gloria de su victoria sobre toda la Iglesia.

Debido a la pureza sin mancha de su alma, que lo convirtió en un verdadero levita, y por la plenitud de su fe que le ganó la palma del martirio, es apropiado que honremos a San Lorenzo casi del mismo modo que a los apóstoles.