¡Feliz fiesta del Sagrado Corazón de Jesús!

Junio 19, 2020
Origen: fsspx.news
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La oración de consagración del género humano al Sagrado Corazón fue promulgada por el Papa León XIII, como complemento de la encíclica Annum Sacrum del 25 de mayo de 1899, en la que prescribió que esta consagración se hiciera en todas las iglesias del universo católico con motivo de un triduo solemne celebrado en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, los días 9, 10 y 11 de junio. San Pío X decretó que esta consagración se renovara cada año frente al Santísimo Sacramento expuesto, con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón.

Acto de consagración del género humano al Sagrado Corazón de Cristo Rey

Jesús dulcísimo, Redentor del género humano, míranos arrodillados humildemente en tu presencia. Tuyos somos y tuyos queremos ser; y para estar más firmemente unidos a ti, hoy cada uno de nosotros se consagra voluntariamente a tu Sagrado Corazón.

Muchos nunca te han conocido; muchos te han rechazado, despreciado tus mandamientos. Compadécete de unos y de otros, benignísimo Jesús, y atráelos a todos a tu Sagrado Corazón.

Reina, Señor, no sólo sobre los que nunca se han separado de ti, sino también sobre los hijos pródigos que te han abandonado; haz que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no mueran de miseria y de hambre. Reina sobre aquellos que están extraviados por el error o separados por la discordia, y haz que vuelvan al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que pronto no haya más que un solo rebaño y un solo pastor.  Sé Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o el islamismo; dígnate atraerlos a todos a la luz de tu reino.

Mira finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue tu predilecto; descienda también sobre ellos, como bautismo de redención y de vida, la Sangre que en un día contra sí reclamaron.

Concede, oh Señor, incolumindad y libertad segura a tu Iglesia; otorga a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haz que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino esta única voz: "Alabado sea el Corazón Divino de Jesús, causa de nuestra salud; a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos". Amén.