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¿En qué consiste la igualdad de ánimo?

Junio 09, 2018

La igualdad de ánimo es una virtud sumamente necesaria, cuya ausencia es frecuentemente la causa de nuestras caídas. En este artículo explicaremos de forma sencilla en qué consiste esta virtud y las consecuencias de su falta.

¿Que és?

Es la virtud que nos sostiene inalterables a pesar de las dificultades que nos puedan sobrevenir, nos hace dueños de nuestras pasiones y afectos, nos hace conservar la paz y la tranquilidad del alma, el mismo humor, la misma serenidad y alegría, la misma caridad en nuestro trato con los demás, en fin, el mismo ejercicio de las virtudes que estamos practicando sin desanimarnos y sin hacerlo todo a un lado.

Es una virtud sumamente necesaria porque la experiencia nos dice que muchas veces, por desgracia es la causa de nuestras caídas. ¡Cuánto daño nos ha hecho esta falta de dominio de nuestro modo de ser! Quizá íbamos muy tranquilamente por la senda de la virtud, nos parecía que todo era fácil y hacedero; de repente, se turbó esa paz y vino la tormenta con las tentaciones que el demonio desencadenó y todo o casi todo naufragó; cambiamos por completo, nos pareció que era imposible ya y que esa vida no era para nosotros.

En otras ocasiones estábamos trabajando para la gloria de Dios, todo salía a nuestra satisfacción, hasta los demás nos aplaudían y admiraban, pero de pronto hubo un cambio, brotaron dificultades donde no las esperábamos y ya desanimados y desilusionados, dejamos aquello con desaliento. Hasta nuestro trato con las personas que nos rodean cambia conforme a los sentimientos o a las impresiones que tenemos, así los solemos tratar: unas veces con afabilidad y cariño, otras con displicencia y enfado, ya con tristeza y amargura, ya con alegrías y bromas.

Si todo nos sale bien, parecemos los más felices; si alguna cosa se trastorna o nos disgusta, ya nos falta la resignación debida para sobreponernos a nosotros mismos y llevarla con alegría. ¡Qué volubles y variables somos! ¡Qué distintos unos días de otros! ¿Quién no ha pasado por esas crisis y experimentado esas mudanzas en sí y en los demás? ¿Cuántas veces no lo hemos visto en algunas personas y lamentamos que sean tan desiguales en su trato, en su genio, en su humor?

Consecuencias

El alma que carece de esta igualdad es un alma incapaz de salir adelante con nada; nunca llevará a feliz término alguna empresa de importancia. Su virtud será muy superficial, y todo lo que haga un día, lo echará a perder al día siguiente por su falta de igualdad, que supone, evidentemente, una gran falta de dominio y mortificación. Estas almas que no saben triunfar de sí mismas, menos podrán triunfar de las dificultades que les vienen de fuera. Son víctimas de la volubilidad y caminan o se detienen sin rumbo fijo, pues la última impresión es la que las domina. ¿Reciben una buena noticia? Se alegran y gozan como nadie. ¿Es algo desagradable lo que se cuenta? Se deprimen irremediablemente. Estos carácteres impresionables que no se dominan a tiempo, son incapaces de terminar bien las cosas que se les confían, pues no sirven para nada serio y de importancia.

En cambio, las consecuencias de un alma que sabe guardar su ecuanimidad, de suerte que aparezca igual y constante siempre, son completamente distintas. ¡Qué simpatía las rodea! ¡Qué confianza inspiran! Parece que se ve a través de su rostro tranquilo y de su mirada serena, la paz imperturbable de su alma, donde Dios está sosteniéndola, confortándola y dirigiéndola. No es una estatua insensible, ni es esto lo que nos pide la virtud de la igualdad; eso sería irracional y absurdo. La igualdad no quita la sensibilidad, sino que modera de tal modo, que en medio de las impresiones que recibe, sabe sostenerse en medio del oleaje.

Esto y no otra cosa es lo que nos pide esta virtud, que entre los diversos acontecimientos que nos ocurran: dulces y agradables o amargos y desagradables, no perdamos la cabeza. Las almas siempre iguales son capaces de todo, nada las asusta; son almas grandes, superiores a todas las cosas. ¡Qué páz! ¡Qué consuelo! ¡Qué ambiente de serena tranquilidad difunden a su alrededor estas almas!

Fuente: M. I. S. R. Idelfonso Roríguez Villar, Meditaciones sobre la Santísima Virgen María, p. 400.