¿Habrá que hacerse protestante para seguir siendo católico? - Parte 2

Julio 18, 2017
Origen: Distrito de México

He aquí unas palabras de Monseñor Marcel Lefebvre, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, donde se pregunta si después de las reformas conciliares será necesario hacerse protestantes para poder seguir siendo católicos.

La Primacía de Pedro

Veamos en primer lugar la Primacía de Pedro, al que se pretende dar jaque con una colegialidad mal definida y mal comprendida, que culmina en un desafío al sentido común. Hubiera sido mucho mejor y más provechoso señalar la función del obispo en la Iglesia, con relación a su grey particular, bajo la vigilancia de Pedro, y mostrar cómo —a través de esa grey particular— se debe por caridad a la Iglesia universal, comenzando por las Iglesias que le están más cerca, seguidamente por las de las misiones y finalmente por la Iglesia entera, pero en dependencia inmediata de Pedro, que es el único que se debe en justicia y directamente a todas las Iglesias y a toda la Iglesia. Examinemos la tesis nueva y las dos afirmaciones que encierra:

1. Absolutamente todo poder sobre la Iglesia ha sido confiado únicamente a Pedro.
2.Todo ese mismo poder confiado a Pedro, también ha sido confiado igualmente a los Apóstoles.

Si realmente todo el poder ha sido confiado solamente a Pedro, lo que los demás puedan tener con él, sólo pueden haberlo recibido de él. Si los obispos tuvieran junto con Pedro una parte en el gobierno universal —parte que él no podría quitarles— Pedro solo ya no tendría todo el poder.

¡Que no nos digan que es un misterio! La contradicción es flagrante. En el segundo caso, Pedro no tendría sino la mayor parte del poder; tal afirmación ya ha sido condenada por el Concilio Vaticano I: «Si alguien dijere que el Pontífice Romano no tiene sino la “parte principal” y no la plenitud del poder supremo, que sea anatema».

Después de Pedro, atacan a la Curia, a la que consideran como secretaría del Papa, cuando en realidad es la parte más noble de la Iglesia particular de Roma cuya fe es indefectible y que es Madre y Maestra de todas las Iglesias. Las miradas de los Padres Conciliares deben dirigirse hacia Ella, porque pueden estar seguros de que allí encontrarán la verdad.

¿Por qué pretenden que se calle —o casi— la Iglesia de Roma, Maestra de la Verdad? ¿De dónde nos vendría la luz si los Padres Conciliares de la Iglesia de Roma enmudecieran?

Por otra parte, interponer entre el Obispo de Roma y la Iglesia, cuerpo episcopal de la Iglesia Universal de un modo institucionalizado, significaría quitar a la Iglesia de Toma su título de Madre de todas las Iglesias.

Con esto no queremos contradecir la posibilidad de que el Sumo Pontífice consulte con más frecuencia a los obispos y modifique, si lo considera conveniente, algunas modalidades o estructuras de la Curia.

El propósito de los que pretenden crear una institución jurídica nueva según una colegialidad que estaría ininterrumpidamente en ejercicio, podría consistir en convertir tal institución nueva en el cuerpo electoral del Sumo Pontífice. Ahora bien, sería inimaginable que el Papa no resulte elegido por su propio clero, dado que primero debe ser Obispo de Roma para convertirse así en el sucesor de Pedro.

La Santísima Virgen

Con imprudencia increíble, a pesar del deseo explícito del Santo Padre, el esquema que se ha propuesto suprime el título de María, Madre de la Iglesia; los ecumenistas lamentan que a la Virgen se le llame Mediadora. Sin embargo, cabe esperar que la devoción de los Padres a María restablecerá el honor que el Concilio debe a la Virgen, proclamándola solemnemente Madre de la Iglesia y consagrando el mundo a su Corazón Inmaculado.

Monseñor Marcel Lefebvre+
CARTAS PASTORALES Y ESCRITOS.