¿La Misa por Internet? - R.P. José María Mestre

Mayo 05, 2020
Origen: Distrito de México

¿La Misa por internet?

Una imagen nunca vista que impresionó al mundo entero, al mundo católico por lo menos, fue la de un Papa celebrando las ceremonias de Semana Santa en la más absoluta soledad. Se tuvo en Roma la Misa de Pascua menos asistida, pero ciertamente la más vista, porque se transmitió por todos los canales de la moderna comunicación virtual. Y lo que ocurrió con el Vaticano, se repitió en pequeño un poco por todas partes, porque fue la primera vez en la historia del cristianismo en que los gobiernos del mundo entero se ponen de acuerdo en prohibir el culto católico, sí, y reuniones de cualquier género. Se ha desatado una enfermedad tan universal –así predica la OMS– como el pecado original, pues todo hombre se va a infectar por el sólo hecho de ser humano. Y hasta que no seamos bautizados con la vacuna del nuevo orden de higiene mundial, no estaremos a salvo. Ante esta prohibición universal de asistir a Misa, el recurso de muchas iglesias y capillas –tanto de rito moderno como tradicional– fue transmitir las Misas, ceremonias y predicaciones por vía virtual, a ejemplo del Vaticano.

1º Cuestión disputada

Como desde estas Hojitas de Fe hemos despotricado muchas veces contra la virtualidad, no nos parece honrado soslayar ahora la cuestión que se ofrece ante este uso tan divino de un recurso hasta entonces tan mundano. No tendremos en cuenta la opinión de los que prefieren la «realidad virtual» con una liturgia que no contagia y que no genera polución porque se tiene desde casa. Pero hay otras dos opiniones, que calificaríamos de optimista y utilitaria, a las que cabe prestar atención:

• La optimista, sostenida por pocos, piensa que es menos lo que se pierde que lo que se gana, porque la privación de la Misa ha despertado la devoción de tantos que no la aprovechaban, y hace que dé más fruto la asistencia devota ante la pantalla que la asistencia distraída ante el altar.

• La utilitaria, sostenida por muchos, lamentando la imposibilidad de asistir a Misa, juzga que la transmisión por Internet de Misas y predicaciones es hoy la mejor manera de favorecer la unión espiritual de los fieles a Nuestro Señor.

Pero somos muchos también los que no dejamos de abrigar cierto temor ante el uso progresivo de este recurso. El mismo Papa, que no suele manifestar gran temor a la modernidad, en su homilía del viernes en la octava de Pascua, advirtió sobre «el peligro de comunicarnos por la pandemia a través de los medios», porque «no se tiene la Eucaristía, sino que estamos conectados sólo por la comunión espiritual, y esto no es la Iglesia». Hagamos, entonces, una reflexión primero de orden más bien social y natural, y luego teológica y sobrenatural, para poder sacar alguna conclusión.

2º La sociabilidad humana

El hombre es animal social, y la sociabilidad implica autoridades que propongan lo que hay que pensar y hacer, y vínculos entre los individuos que unifiquen el pensamiento y la acción. Y en la sociabilidad tiene el hombre su fuerza y su debilidad. De allí que, como es notorio, el nuevo poder mundial quiera imponer una sociedad virtual, cuya autoridad es la opinión pública virtual, múltiple, libre e impersonal, y cuyos vínculos son también virtuales, instantáneos e inmediatos, que superan los límites del tiempo y del espacio.

¿Pura filantropía? ¡Ay, ni tanto! Admira comprobar cómo son capaces de manejar las infinitas lenguas de Internet para que finalmente predomine lo que esas mentes ocultas quieren enseñar. Y es fácil advertir que los vínculos virtuales no son reales, y que las gentes, ya antes de la cuarentena, habían sido divididas por sus celulares, porque aisladas no son capaces de nada. Si logran mantener un poco más de tiempo a los hombres encerrados en sus casas, donde la mayoría no tiene ni familia, van a poder hacer lo que se les ocurra, hasta matarlos uno por uno, puerta por puerta, porque el hombre sin jefes y sin compañeros reales no es capaz de nada, ni bueno ni malo. Y los católicos son humanos.

Es verdad que muchos de nuestros fieles tienen familia y, acuartelados, no quedan completamente solos, pero no todos. Pero tampoco basta, porque los jefes en el orden religioso son los sacerdotes, y necesitan verlos y tocarlos, como necesitan también comulgar con otras familias al lado. No está mal que se escuchen sermones, si no son malos, pero el fiel necesita que su sacerdote, el que lo confiesa y conoce, le hable a él mirándole a los ojos. Como también el niño necesita la dirección de su papá y de su mamá, no la del blog de «papás educadores».

Como se dijo en una Hojita de Fe sobre los Smartphones, la tribuna virtual de Internet obstaculiza el mensaje por su intensa dosis audiovisual, por ser tribuna ecuménica de todas las opiniones, por su carácter impersonal, y por tantas cosas más. Así como los niños necesitan papás reales, y los jóvenes maestros y profesores reales que se interesen por ellos y no les hablen a través de cables, así también los fieles necesitan sacerdotes reales y parroquias reales en quienes se apoye su catolicismo en este clima cada vez más anticristiano. ¡Ay del solo, dice el Sabio! «Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo. Si uno cae, lo levantará su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante. Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper» (Ecl. 4 9-12).

3º La PRESENCIA REAL de Jesucristo

Desde los tiempos del Antiguo Testamento, los hombres pudieron unirse al sacrificio del Redentor por la fe, que supera el tiempo y el espacio. Y aunque Dios siempre está presente en todo lugar y en todo momento, todo cambió para el hombre cuando el Verbo se encarnó y se hizo presente en su tiempo y a su lado: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca de la Palabra de vida, pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba junto al Padre y se nos manifestó» (I Jn. 1 1-2).

Para expresarlo con precisión, digamos que el orden de la fe y de la gracia es independiente del hic et nunc, del aquí y ahora, pero el orden hipostático de la Encarnación no. Aquél tiene un modo más divino, y éste más humano. Y el orden hipostático para nosotros, que vivimos después que Nuestro Señor subió a los cielos, es el orden sacramental, porque Jesucristo sigue realmente presente hic et nunc por los sacramentos. Por todos los sacramentos, aunque principalmente por la Eucaristía y el Sacerdocio. ¿Son entonces importantes los sacramentos? Tanto como Jesucristo. Sin ellos, seguimos en el régimen de fe y gracia del Antiguo Testamento, en que la santificación era prácticamente imposible. Y para ir rápido a nuestro asunto, téngase en cuenta que el orden de la fe puede pasar por Internet, como también pasa por las pinturas y los libros –medios más clásicos–, pero el orden sacramental NO.

Un sermón grabado puede disponerme para la confesión, pero el sacerdote no me puede absolver por celular: tengo que tenerlo realmente presente. Presencia Real de Nuestro Señor Jesucristo. Ni la contrición perfecta, ni la comunión espiritual, que se pueden hacer en casa, tienen la eficacia que a la transmisión de la gracia le confiere la Presencia Real de Nuestro Señor. Y lo que ocurre con estos dos sacramentos, ocurre con el magisterio sacerdotal. Porque Jesucristo se hace realmente presente en el sacerdote por el carácter, de modo que cuando se tiene presente al sacerdote en el sermón, el fiel entra en contacto real con Nuestro Señor. Pero eso no ocurre por Internet, allí no hay Presencia Real, sólo actúa la fe en las palabras que se transmiten. Por eso el sermón predicado con Presencia Real tiene una eficacia que no tiene el sermón leído, grabado o filmado. El protestantismo perdió la fe cuando sustituyó a los sacerdotes por la Biblia. En la Biblia está escrita la palabra de Dios, pero en el sacerdote es Dios que habla. Y es contagio protestante cuando el rito nuevo de la Misa pone en paralelo la presencia de Dios en la Palabra con la presencia en el Sacerdote y en la Eucaristía.

Sacerdocio y Eucaristía son los sacramentos por los que se hace presente Jesucristo como cabeza del Cuerpo Místico, mientras que por el Bautismo y el Matrimonio se establecen los vínculos que nos constituyen miembros de dicho Cuerpo. Por el carácter bautismal, «cuando hay dos o más unidos en mi nombre –dice Jesucristo–, Yo estoy en medio de ellos», porque aquí también hay otro modo de Presencia Real. Pero téngase en cuenta que Nuestro Señor se hace presente cuando sus fieles están unidos hic et nunc, a un mismo tiempo y en el mismo lugar. Están ciertamente unidos los fieles de toda la tierra por la fe y la caridad en la «comunión de los santos», pero esta unidad se fortifica con la presencia real de Nuestro Señor cuando dos o más están unidos en el mismo lugar, y la diferencia depende del carácter bautismal, por el que los fieles participan de aquella realidad extraordinaria de la unión hipostática. De allí que todas las operaciones sacramentales requieren de Presencia Real. Y el sacramento del matrimonio, que se funda en el carácter bautismal, hace también presente a Jesucristo cuando se reúne la familia en el hogar, confiriéndole esa fortaleza maravillosa que siempre tuvo la familia verdaderamente cristiana.

Conclusiones

Así como siempre se consideraron buenos los buenos libros y folletos –¡como estasHojitas de Fe!– y las imágenes piadosas para alimentar la fe y la devoción, también son buenas las grabaciones y videos, con la facilidad que se tiene para su difusión. Por eso todos los buenos cristianos se alegraron de contar con estos medios en el sagrado tiempo de estas impedidas Pascuas. Aunque hoy tienen una eficacia cada vez más debilitada por la cantidad de cosas que ven nuestros fieles en las mismas pantallas. ¡Cuánto mejor sería que tuvieran en sus manos más libros y misales, y menos celulares!

La mejor manera de unirse a Nuestro Señor para los que no pueden asistir a Misa y tienen familia cristiana, es la oración en común, en un clima de caridad. Hay que comenzar por tener un trato de la mayor caridad, que es vínculo de perfección, para que sobre este fundamento, en la oración común se haga realmente presente Nuestro Señor. El los fortalecerá de manera especial en la fe y en la devoción, porque ya no es una simple familia la que reza, sino un pedacito de Iglesia. Y es claro que, así como conviene hacer una lectura del misal para dar materia de meditación, y tener una imagen de la Virgen para sostener la afección, también puede ayudar el audio del Padre que se conoce y quiere, y el video de la Misa en el altar que se extraña. Pero hay que cuidar que estos medios no atrapen demasiado la atención y terminen distrayendo, lo que es más riesgoso con el video. Así como no cualquier música sirve para la oración sino el gregoriano, ni cualquier aroma sino el del incienso, así también no ayuda cualquier imagen.

A quienes más puede ayudar la transmisión de las Misas es a los que están completamente solos, que en este mundo inhumano cada vez son más. Porque entonces los audios y videos pasan a ser mensajes vivos de los Padres que los quieren acompañar. Pero téngase cuidado, porque las pantallas personales tienden a aislar y poner en soledad a los que viven en el mismo lugar. Que no se pierda la compañía real por la virtual.

Con lo que está pasando no podemos ser para nada del grupo de los optimistas, pero sí un poco, muy poco, del grupo de los utilitarios. La caridad es inventiva, y los sacerdotes celosos han usado siempre con mucha libertad de todos los medios para llevar a Dios, aún de algunos en sí mismos complicados y peligrosos. Pero estos medios se emplean, no para sustituir, sino para llevar a los medios establecidos por Nuestro Señor: los Sacramentos. «Sin Mí nada podéis hacer». No hay santificación ni salvación sin Misa asistida, sin Comunión recibida, sin Sacerdote presente y sin comunidad vivida. Iglesia real, no virtual.

R.P José María Mestre