¿Misas o ferias? - Palabras de Mons. Lefebvre

Julio 18, 2016
Origen: Distrito de México

He aquí unas palabras de Monseñor Marcel Lefebvre, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sobre ¿Misas o ferias?.

La pérdida de lo sagrado lleva también al sacrilegio. Un periódico del oeste de Francia informaba del concurso nacional de “majorettes” (especie de porristas que animan las fiestas y los desfiles populares) que se realizó en la Vendée (Francia) en 1980. Se celebró una Misa, durante la cual bailaron las muchachas y algunas de ellas dieron la comunión; además, como colofón de la ceremonia, se hizo un coro, en el que participó el celebrante revestido de ornamentos. No tengo la intención de dar aquí un catálogo de todos los excesos; sólo quiero dar algunos ejemplos para que se vea por qué los católicos de hoy tienen motivos para estar perplejos y hasta escandalizados. No estoy revelando ningún secreto. El domingo por la mañana, la misma televisión se encarga de difundir en todos los hogares la desenvoltura inadmisible con la que los obispos tratan el Cuerpo de Cristo, como por ejemplo en la Misa retransmitida el 22 de noviembre de 1981, en la que en lugar de copón se usaron cestos, que los fieles se pasaban unos a otros y que al final dejaron en el suelo con las Sagradas Especies que quedaban.

En Poitiers (Francia), el Jueves Santo del mismo año, una concelebración espectacular consistió en consagrar panes y jarras de vino sobre unas mesas, de las que la gente se servía.

Los conciertos de música profana organizados en las iglesias ya son algo generalizado. Se acepta incuso prestar los lugares de culto para conciertos de música rock, con todos los excesos que normalmente implican. Se han entregado iglesias y catedrales al libertinaje, a la droga, a las profanaciones de toda clase, y no ha sido el clero el que ha hecho después ceremonias de expiación, sino grupos de fieles que tenían motivos para estar indignados por esos escándalos. ¿Cómo puede ser que los obispos y los sacerdotes que favorecen estas cosas no tengan miedo de atraer sobre sí y sobre sus fieles, la maldición divina? Esa maldición ya se manifiesta en la esterilidad de sus obras. Todo se pierde y se desorganiza porque al profanar así el Santo Sacrificio de la Misa ya no difunde ni transmite la gracia.

Monseñor Marcel Lefebvre

Fuente: Carta abierta a los católicos perplejos