Destrucción de la familia mediante la destrucción del matrimonio - Mons. Lefebvre

Agosto 27, 2018
Origen: Distrito de México

"Dios mismo, autor de la naturaleza, concibió e instituyó el matrimonio, e indicó sus condiciones y finalidad. A causa del fin del matrimonio, que es la procreación y la educación de los hijos, el matrimonio es indisoluble, porque los hijos necesitan a sus padres, la estabilidad de su unión y la continuidad de la existencia de la familia para ser educados convenientemente."

León XIII, después de haber estudiado los principios de la masonería y los resultados deplorables que su aplicación causa a la vida espiritual, y tras haber expuesto la criminalidad y esclavitud de las pasiones totalmente desencadenadas trata el tema de la destrucción de la familia:

Hubo en la secta masónica quien dijo públicamente y propuso que ha de procurarse con persuasión y maña que la multitud se sacie con la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad que así la tendrán sujeta a su arbitrio para poder atreverse a todo en lo futuro.

Según los masones, desarrollar la corrupción sistemática de la población es uno de los medios más eficaces para lograr la destrucción de la familia:

Por lo que toca a la vida doméstica, he aquí casi toda la doctrina de los naturalistas: el matrimonio es un mero contrato; puede justamente rescindirse a voluntad de los contratantes. 

Esto quiere decir que puede ser anulado como cualquier contrato; no hay razón para que no se pueda disolver si los que lo han hecho deciden romperlo. Como se hizo por voluntad de los contrayentes, estos también lo pueden anular.

Ahora, si esto se aplica a los actos libres, que dependen únicamente de la voluntad de los contrayentes, está bien. Pero aunque el matrimonio es realmente un contrato, sólo es libre en lo que se refiere a la elección de las personas y no en lo que se refiere a las condiciones del contrato, que han sido inscritas en la naturaleza misma del hombre y de la mujer. Dios mismo es quien ha puesto las condiciones del contrato en la naturaleza. Los hombres no están obligados a hacerlo, pero desde el momento en que lo hacen, ya no lo pueden romper, porque las condiciones con que se establece manifiestan que no se puede; es definitivo hasta la muerte de los contrayentes.

La familia está hecha para la procreación, para multiplicar la especie humana, de modo que los padres no pueden romper ese contrato a su gusto. Esa ruptura dejaría a los hijos en el abandono, como vemos que sucede desde la legalización del divorcio.

Por eso la Iglesia ha profesado siempre la indisolubilidad del matrimonio. Este vínculo no se puede romper. En casos extremos, la Iglesia tolera la separación de los cuerpos, pero jamás admite el divorcio.

En algunos casos reconoce la nulidad del matrimonio, pero aun en estos casos hace falta que haya motivos seguros. Cuando la Iglesia reconoce la nulidad de un matrimonio es porque se ha comprobado que no se cumplió una de las condiciones del contrato, porque hubo quizás miedo o amenaza. Por ejemplo, si una mujer se casó por presión de sus padres o amenaza de malos tratos, y tenía tanto miedo que no se atrevió a negarse, y sin ese miedo hubiera dicho que no. Si realmente se puede comprobar que antes del contrato existía tal presión moral que no era libre, el contrato no tuvo lugar, porque faltaba la voluntad de uno de los contrayentes. 

Otro caso es si uno de los contrayentes afirma - y ante testigos que lo puedan demostrar - que no quería tener hijos. Esa es otra condición que prueba la nulidad del contrato, pues se hace para que los esposos tengan hijos. Si no los pueden tener por motivos particulares es un caso distinto pero la voluntad de no tener hijos hace que el contrato matrimonial sea nulo.

Fuera de estas raras condiciones, la Iglesia nunca rompe un matrimonio. Si el matrimonio realmente se ha comprobado y no hay ninguna razón de nulidad, la Iglesia no puede romperlo, ni depende de ella. Ni el mismo Papa puede hacerlo; no tiene derecho a romper un matrimonio, porque eso no depende de él.

Pero los masones tienen un concepto totalmente distinto, y para ellos el matrimonio es un contrato cualquiera, que puede ser "legítimamente disuelto por voluntad de los contrayentes."

Señalemos que la indisolubilidad del matrimonio es algo específico de la religión católica. Ella es la única que profesa esta doctrina fundamental, porque la base y la célula de la sociedad humana es la familia.

Todas las demás religiones, sean las que sean, aceptan motivos de divorcio, con más o menos facilidad, incluso los ortodoxos y protestantes. El rechazo del divorcio es realmente una señal distintiva de la religión católica, porque la institución divina del matrimonio no lo permite.

Monseñor Marcel Lefebvre+
Soy Yo, el Acusado, Quien Tendría Que Juzgaros