El problema de las definiciones de Vaticano II - Palabras de Mons. Lefebvre

Octubre 06, 2017
Origen: Distrito de México

He aquí unas palabras de Monseñor Marcel Lefebvre, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sobre el hecho de que en el Concilio nunca se quiso dar definiciones exactas sobre los temas que se discutieron, lo que ocasionó que en vez de definirlos, únicamente se limitaran a describirlos o, incluso, a falsear la definición tradicional.

Creo indispensable estudiar bien los esquemas del Concilio, leerlos bien, con el fin de poner en descubierto las puertas que se han abierto al Modernismo, (…) e insistiré sobre el hecho de que en el Concilio nunca se quiso dar definiciones exactas sobre los temas que se discutían, y ese rechazo de las definiciones, esa negativa a examinar filosófica y teológicamente los temas que se trataban, hizo que no hayamos podido definir los temas sino describirlos. Y no solamente no se los definió sino que frecuentemente, en las discusiones de esos temas se falseó la definición tradicional. Por eso pienso que nos encontramos hoy ante todo un sistema que no terminamos de entender, algo que cuesta contrarrestar, porque ya no se aceptan las definiciones tradicionales, que son las verdaderas definiciones.

Veamos como ejemplo el tema del matrimonio. La definición tradicional del matrimonio se hizo siempre por su fin primario, que era la procreación, y el fin secundario, que era el amor conyugal. Y bien: en el Concilio se quiso transformar esa definición y decir que ya no hay fin primario, sino que los dos fines de procreación y de amor conyugal eran equivalentes. Fue el Cardenal Suenens el que llevó ese ataque contra la finalidad misma del matrimonio. Me acuerdo aún que el Cardenal Browne, Maestro General de los Dominicos, se levantó para decir, “¡cuidado!, ¡cuidado!” Y declaró con vehemencia: “Si aceptamos esa definición vamos contra toda la tradición de la Iglesia y pervertiremos el sentido del matrimonio. No tenemos derecho de ir contra las ‘definiciones tradicionales de la Iglesia’”, y citó mucho textos. Tal fue la emoción producida en la asamblea que alguien pidió al Cardenal Suenens -creo que fue el Santo Padre- que moderara un poco los términos que había empleado, y aun que los cambiara. Ese no es más que un ejemplo. Pero veis que ahora todo lo que se dice sobre el tema del matrimonio se relaciona con lo expresado por el Cardenal Suenens -lo que ahora llaman a secas, y mucho más crudamente, sexualidad- es de ahora en adelante un fin del matrimonio, y no solamente la procreación. Consecuencia: so pretexto de la sexualidad todo está permitido, la anticoncepción, la limitación de los nacimientos, el uso del matrimonio con todo lo que pueda obstaculizar los nacimientos, el aborto, en fin, y todo lo demás.

Por lo tanto, basta una mala definición, y ya estamos en pleno desorden.

O por ausencia de definición. Hemos pedido muchas veces que se definiera qué era la colegialidad: han sido incapaces de definirla. Hemos pedido muchas veces que se definiera qué era el ecumenismo: y nos contestaron por boca de los secretarios de las comisiones, de los relatores: “No hacemos un concilio dogmático, no damos definiciones filosóficas. Es un concilio pastoral que se dirige al mundo entero; en consecuencia, es inútil dar aquí definiciones que no serán comprendidas”. Ahora bien, resulta insensato que nos podamos reunir y que no podamos llegar a definir los términos sobre los que discutimos.

Asimismo, se ha falseado la definición de la Iglesia. No se ha querido presentar a la Iglesia como medio necesario para la salvación, y así insensiblemente en los textos resulta que la Iglesia ya no es un medio necesario, sino un medio útil, simplemente útil. Los cristianos deben penetrar la masa de la humanidad, que en su integridad ya se dirige hacia su salvación; los cristianos deben aportarle un complemento de unión, de caridad, etc. Eso es todo. Eso significa arruinar de raíz todo el espíritu misionero de la Iglesia. Por eso el esquema de las misiones fue literalmente minado por esa idea. Actualmente vemos a muchos misioneros que, vueltos de sus misiones, ya no desean retornar a ellas. Se les ha machacado durante los cursos de reorientación, las sesiones, las reuniones, y han ido delegados de Francia para decirles: “Sobre todo, nada de proselitismo. Debéis comprender que todas las religiones en cuyo seno os halláis tienen valores apreciables. Los misioneros deben interesarse en el desarrollo de esos países, y por consiguiente en el progreso, el progreso social” y no ya en la verdadera evangelización.

Monseñor Marcel Lefebvre+
UN OBISPO HABLA