Explicación de la Santa Misa - Parte 3

Diciembre 06, 2016
Origen: Distrito de México

¿Conocemos realmente el tesoro que se encuentra escondido en cada Misa y el significado de cada una de las partes que la componen? ¿Estamos conscientes de la grandeza del sacrificio al que asistimos casi de manera rutinaria? En esta serie de artículos explicaremos de forma sencilla, con ayuda de Mons. Lefebvre, las cuestiones anteriormente mencionadas.

La inclinación al Gloria Patri

Al final de los salmos decimos: Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto... in saecula saeculorum. Amen. ¡Es la oración más hermosa que hacemos, no hay que olvidarlo! Es la conclusión de la oración de los salmos. Si la Iglesia ha querido poner esta oración al final de los salmos es porque es como la conclusión y la irradiación de toda la oración. No se puede rezar de mejor manera.

Si al decir esta oración nos inclinamos ante la Santísima Trinidad, es para adorarla porque no hay nada más grande, más sublime ni más hermoso que la Santísima Trinidad. 

La fe nos descubre que Dios Padre engendra una Persona igual a Sí: el Verbo. ¡Descubrir esto es maravilloso y extraordinario! Dios Padre no está solo. En su amor, ha producido al Verbo de Dios, una Persona igual a Sí mismo y el Verbo ama a su Padre con un amor igual a Sí mismo. El amor con el que el Padre y el Hijo se aman recíprocamente engrendra una tercera persona, que es el Espíritu Santo.

Es un descubrimiento que nos hace comprender la vida íntima de Dios en la eternidad antes del principio del mundo y que nos hace entender cómo comunica su amor a las criaturas.

La única diferencia entre el Padre y el Hijo es que uno engendra y el otro es engendrado; fuera de esta relación de paternidad y filiación, son exactamente iguales. No hay más cualidades, ni más inteligencia, ni más poder en el Padre que en el Hijo, y el amor del Padre y del Hijo produce a la tercera Persona, que es el Espíritu Santo. El Padre y el Hijo son co-principios del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el amor con que se aman. ¡Es el gran misterio! 

El misterio de la Encarnación y el misterio de la Redención son desde luego grandes misterios que muestran el amor de Dios por nosotros, pero sólo existen a causa de la Santísima Trinidad. Si no hubiera Santísima Trinidad, no habría ni Encarnación ni Redención. Así, el gran misterio que nos regocijará por toda la eternidad es sobre todo el misterio de la Trinidad.

Fuente: La Misa de Siempre - Monseñor Marcel Lefebvre