La disminución del número de misas - Palabras de Mons. Lefebvre

Marzo 20, 2018
Origen: Distrito de México

He aquí unas palabras de Monseñor Marcel Lefebvre, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sobre la disminución dramática del número de misas en la actualidad, y de ahí la secularización y profanación del sacerdote que, al no encontrar ya su razón de ser, siente necesidad del mundo y de encontrar una escapatoria.

La disminución de la práctica religiosa y del número de vocaciones
 

Algunos dirán: “No tiene nada que ver con la liturgia si hay ahora mucha menos gente en las iglesias. La causa de todo esto es el ambiente materialista”. Pero los mismos progresistas reconocen esa relación. Por ejemplo, Mons. Grégoire, obispo de Montreal, ha hecho una larga exposición sobre la situación en su diócesis. Dice explícitamente: “Pensamos que la reforma litúrgica tiene un papel importante en el hecho de que los fieles abandonan las iglesias”. El cardenal Ratzinger ha reconocido lo mismo. No somos únicamente nosotros los que lo decimos. Hay que negar realmente la evidencia para decir que la liturgia no tiene nada que ver. Lo mismo sucede con la ausencia de las vocaciones y la ruina del sacerdocio. El sacerdote está vinculado esencialmente a la misa. No se puede concebir el sacrificio sin sacerdote ni al sacerdote sin sacrificio. Hay una relación esencial entre el sacerdote y el sacrificio. ¿Creéis que todos los sacerdotes que han abandonado su sacerdocio lo hubieran hecho si su corazón no hubiera sido afectado por la destrucción del sacrificio? Evidentemente que no.

Si desaparece la Cruz de Nuestro Señor, si su Cuerpo y su Sangre ya no están presentes, los hombres se encuentran alrededor de una mesa desierta y sin vida. Ya nada los une. Y esto es lo que está sucediendo: ¡ya no hay vida! La gente se da cuenta y de ahí viene su hastío y aburrimiento que empieza a expresarse por todas partes, y la desaparición de las vocaciones, que ya no tienen razón de ser.

De ahí la secularización y profanación del sacerdote que, al no encontrar ya su razón de ser, siente necesidad del mundo y de encontrar una escapatoria. El sacerdote ya no sabe lo que es. Por eso se val al mundo sin saber qué va a darle ni saber para qué fue creado. El sacerdote se profana, se seculariza, va al mundo y acaba casándose. Termina dándose cuenta de que, después de todo, puede tener una profesión y también celebrar el culto el domingo […].

Pero poco a poco, a causa del concepto protestante de la misa, Jesucristo abandona las iglesias que, por desgracia, se van profanando.

La disminución de la aplicación de los méritos de Nuestro Señor
 

Hoy hay una disminución dramática del número de misas. Es algo fácil de ver: tanto por el número de sacerdotes que han colgado la sotana, como por la disminución de las vocaciones y por lo tanto de las ordenaciones, como por el número de sacerdotes jóvenes que ya no dicen la misa cuando no hay fieles, y por el número de los sacerdotes que concelebran. En efecto, según la opinión de muchos teólogos, en una concelebración hay una sola misa en lugar de tantas como concelebrantes. Es en particular la opinión del cardenal Philippe, que hizo una exposición sobre ese tema en la Comisión Central preconciliar de la que yo formaba parte. Recuerdo muy bien haberle escuchado decir que la concelebración sólo podía ser excepcional porque, al celebrarse una sola misa, no podía haber tantas como celebrantes. Y así, al reunir todos estos elementos, ya veis reducido el número de misas que hay. Si a eso se añaden las misas inválidas, debido a las dudas que pueden surgir sobre su valides, hay aún menos.

¿Por qué es nefasta la concelebración habitual?
 

Estoy íntimamente persuadido de que la concelebración es contraria a la finalidad de la misa. El sacerdote ha sido consagrado individual y personalmente para ofrecer el sacrificio de la misa. Él mismo es quien fue consagrado. No se ha hecho una consagración masiva y global de todos los sacerdotes.

Cada uno de ellos ha recibido el carácter que se da personalmente y no a la asamblea, y por ello el sacerdote fue constituido para ofrecer el santo sacrificio de la misa individualmente.

No hay duda, pues, de que la concelebración no tiene el mismo valor que el conjunto de las misas que se celebrarían individualmente. Eso no puede ser, pues sólo hay una transubstanciación y, por consiguiente, un solo sacrificio de la misa.

¿Para qué multiplicar los sacrificios de la misa si una sola transubstanciación valiera igual que todos los sacrificios de la misa por separado? En ese caso debería celebrarse una sola misa en el mundo después de la de Nuestro Señor, suponiendo que eso mismo fuera útil… La multiplicación de las misas sería, pues, inútil si diez sacerdotes que concelebran realizaran un acto que vale lo mismo que diez misas por separado. Pero eso es falso, completamente falso. ¿Por qué celebraríamos tres misas el día de Navidad y el día de los Fieles difuntos? Sería una práctica ridícula.

La Iglesia necesita precisamente esta multiplicación de los sacrificios de la misa tanto para la aplicación del sacrificio de la Cruz como para todos los fines de la misa: la adoración, la acción de gracias, la propiciación y la impetración. Todas las novedades manifiestan una falta de teología y una falta de definición de las cosas.

Monseñor Marcel Lefebvre+
LA MISA DE SIEMPRE