La Natividad de la Santísima Virgen - 8 de septiembre

Septiembre 08, 2018
Origen: fsspx.news
Domenico Ghirlandaio, Natividad de la Santísima Virgen María.

Tu Natividad, oh Virgen y Madre de Dios, anunció la alegría al mundo entero: porque de ti ha nacido el Sol de Justicia, Cristo, nuestro Dios, que borrando la maldición, nos trajo la bendición del cielo, y, confundiendo a la muerte, nos dio la vida perdurable.

Así como la primera Eva, radiante de vida e inocencia, salió del costado de Adán, la Virgen María, resplandeciente e inmaculada, salió del corazón del Verbo eterno, quien, por obra y gracia del Espíritu Santo, como lo enseña la liturgia, quiso formar ese cuerpo y esa alma que algún día le servirían como tabernáculo y altar.

He aquí el significado sublime de la fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María. Ella es la aurora que anuncia el día que comienza detrás de las colinas eternas.

Esta fiesta tiene su origen en oriente, donde se le menciona en las homilías de Andrés de Creta. Por el contrario, en Roma, todavía en la época de Honorio I (625-638), se seguía celebrando este día la fiesta de San Adrián. Por lo tanto, la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen en occidente aparece únicamente hasta el papado de Sergio I (687-701).

El natale para la Liturgia es habitualmente el nacimiento a la vida del cielo; por eso solamente celebramos dos nacimientos terrenos: el de San Juan Bautista, que fue santificado en el vientre de su madre, y el de la Santísima Virgen, concebida sin mancha de pecado original. Este último se ofrece a nuestra consideración nueve meses después de la Concepción, en esta fecha del 8 de septiembre, que era solemnizada ya en el siglo VII.

Éste es el día de cantar con la Santa Iglesia: "Tu nacimiento, oh Virgen gloriosa, anuncia para el mundo la más pura de las alegrías". Porque esta niña que hoy nace es la mujer predestinada de quien se dijeron esas palabras de una profundidad insondable: Maria, de qua natus est Jesus. María es inseparable de Jesús, y las gentes decían: "¿No es éste el Hijo de María?" En relación con Jesús la predestinó Dios Padre desde toda la eternidad, la formó el Verbo Creador, y la enriqueció y hermoseó el Espíritu Santificador.