La nueva misa conduce al pecado contra la fe - Palabras de Monseñor Lefebvre

Marzo 05, 2020
Origen: Distrito de México

La nueva misa es escandalosa, no en el sentido del escándalo que provoca extrañeza. No se trata de eso. El escándalo es lo que conduce al pecado. Pues bien, la nueva misa conduce al pecado contra la fe, que es uno de los pecados más graves y más peligrosos, pues la pérdida de la fe es realmente alejarse de la Revelación, de Nuestro Señor Jesucristo y de la Iglesia

Equivale a concluir que una persona que fuera consciente y estuviera al corriente del peligro de esa misa y que fuera a ella, cometería por supuesto al menos un pecado venial. ¿Por qué, me diréis, por qué no dice usted un pecado mortal? Porque creo que asistir una sola vez a esa misa no constituye un peligro próximo. Creo que el peligro se vuelve grave y, por consiguiente, se vuelve motivo de un pecado grave, por la repetición. (...) El pecado se vuelve grave si una persona consciente y que está al corriente va de todos modos regularmente y dice: “A mí me es igual, ¡oh!, no tengo ningún temor en cuanto a mi fe”, siendo que sabe perfectamente que es algo peligroso. Lo sabe: es testigo de que los niños han perdido la fe porque han asistido regularmente a la nueva misa, es testigo de que los padres han abandonado la Iglesia... pero, en fin, va a ella de todos modos. En ese caso, es evidente que está poniendo realmente en peligro su fe.

Para juzgar sobre la falta subjetiva de los que celebran la nueva misa o de los que asisten a ella, tenemos que aplicar las reglas del discernimiento de espíritus, según las directivas de la teología moral y pastoral. Tenemos que obrar siempre como médicos de almas y no como justicieros o verdugos, como se sienten tentados a hacerlo quienes están animados por un celo amargo y no por un celo verdadero1. Los jóvenes sacerdotes deben inspirarse en las palabras de san Pío X en su primera encíclica, y en muchos textos de autores espirituales conocidos, como los de Dom Chautard en El Alma de Todo Apostolado, de Garrigou-Lagrange en el segundo tomo de Perfección Cristiana y Contemplación, y Dom Marmion en Cristo Ideal del Monje

Directivas prácticas 

Los católicos fieles tienen que hacer todo lo posible para conservar la fe católica intacta e íntegra: asistir a la misa de siempre cuando puedan, aunque sólo sea una vez al mes y colaborar activamente para ayudar a los sacerdotes fieles a la celebración de la misa de siempre y a la distribución de los sacramentos según los antiguos ritos y el catecismo antiguo.

Cuando no puedan ir a estas misas, la pueden leer el domingo en su misal, en familia si puede ser, como los cristianos en los países de misión, que sólo reciben la visita del sacerdote dos o tres veces al año y a veces ¡una sola vez!

Damos estas directivas para que cada uno pueda seguir la línea de conducta más favorable para la preservación de la fe. Es evidente que el precepto dominical sólo obliga normalmente cuando hay una misa de siempre accesible. Es la época del heroísmo. ¿Acaso no es una gracia de Dios vivir en estos tiempos turbulentos, para poder encontrar la Cruz de Jesús, su sacrificio redentor, y estimar en su justo valor esta fuente de Santidad de la Iglesia, ponerla otra vez en honor y apreciar mejor la grandeza del sacerdocio?

Comprender mejor la Cruz de Jesús es elevarse al Cielo, y profundizar en la verdadera espiritualidad católica del sacrificio, y el sentido del sufrimiento, de la penitencia, de la humildad y de la muerte.

LA MISA DE SIEMPRE
Monseñor Marcel Lefebvre+

  • 1. “El celo verdadero no se deriva del afán de imponer a los otros los conceptos personales de perfección, o de la seguridad de haber cumplido todo deber, ni de ímpetus inconsiderados y violentos, sino del amor de Dios, puro, humilde y manso”.