La nueva misión social del sacerdote - Palabras de Monseñor Lefebvre

Mayo 08, 2019
Origen: Distrito de México

Un día le explicaba yo a un cardenal lo que hacía en mis seminarios, donde la espiritualidad se orienta sobre todo al estudio profundo de la teología del Sacrificio de la Misa y a la oración litúrgica. El cardenal me dijo: “Pero Monseñor; eso es exactamente lo contrario de lo que hoy desean nuestros sacerdotes jóvenes. Hoy el sacerdote sólo se define en relación con la evangelización”.

Yo le respondí: “¿Qué evangelización? Si la evangelización no tiene una relación fundamental y esencial con el Santo Sacrificio, ¿qué significa para usted? ¿Una evangelización política, social y humanitaria?” El apóstol, si no anuncia a Jesucristo, se convierte en un sindicalista y en un marxista. Es normal. El sacerdote necesita una nueva mística. De ese modo la encuentra, pero perdiendo la mística del altar.

Es realmente doloroso leer u oír hablar de guerras, del hambre en el mundo, de todas las demás injusticias de este mundo, etc., y concluir del siguiente modo: Hace falta una mejor distribución de los bienes, más justicia, más paz en el mundo, mayor comprensión entre los hombres, etc., sin la menor alusión a Nuestro Señor Jesucristo, ni hacer alusión alguna a la única solución que se puede encontrar para resolver este problema.

Los sacramentos, signos comunitarios

Como el sacrificio del altar ya no es la razón de ser principal del sacerdote, quedan afectados todos los sacramentos, y el sacerdote recurrirá a los seglares para que los dispensen, pues él mismo está ocupado en funciones sindicales o políticas. El Bautismo será administrado por seglares o por diáconos casados. También ellos distribuirán la Eucaristía y la llevarán a los enfermos. Como el sacramento de la Penitencia es realmente muy absorbente, se procurará por todos los medios desacreditarlo y reemplazarlo con ceremonias penitenciales comunitarias. En todos los países se han multiplicado los esfuerzos para forzar la mano de las autoridades. Así se va emprendiendo poco a poco la destrucción de los sacramentos, luego de haber realizado la destrucción de la misa.

Ojo también con la tendencia moderna de considerar todos los sacramentos como un signo comunitario. Una especie de colectivismo marca a los nuevos sacramentos. No obstante, Nuestro Señor instituyó los sacramentos para santificar a las personas e individuos, y no para ser únicamente un signo comunitario. Ahora se hacen bautismos colectivos con el pretexto de que el Bautismo no es sino una incorporación a la comunidad, pero tal no es el sentido profundo del sacramento del Bautismo. “Creo en el bautismo, en un solo Bautismo para la remisión de los pecados” (Credo), para la remisión del pecado original en particular, y para dar la vida de Dios, o sea, la vida eterna.

Lo mismo sucede con las absoluciones colectivas y con las extremaunciones colectivas. Todo esto cambia el sentido que Nuestro Señor Jesucristo quiso dar a los sacramentos. Nosotros nos salvamos individualmente, no colectivamente. Seguramente la comunidad nos ayuda a salvarnos, pero, cuando comparezcamos ante Dios en la hora de la muerte, la que será juzgada será nuestra alma y no la colectividad. Por lo tanto, ojo con esa especie de nueva perspectiva de los sacramentos, que hace que los sacramentos corran el riesgo de volverse inválidos.

El sacramento de la Penitencia consiste esencialmente en un juicio. Ahora bien, para juzgar hay que conocer la causa. ¿Cómo se puede juzgar si no se conoce la causa? Para juzgar hay que escuchar a la persona enjuiciada. Nuestro Señor dijo: “A quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos” (San Juan, 20, 23). Por lo tanto, hay dos posibilidades: retener o perdonar. Para lo cual hay que dar un juicio sobre una persona y no sobre una masa o una multitud. Ahora bien, hoy en día hay una tendencia que pretende suprimir la confesión personal, reemplazándola con una absolución colectiva.

Mons. Marcel Lefebvre
La Santidad Sacerdotal