La píldora de la discordia

Julio 11, 2019
Origen: Distrito de México

Todo uso de anticonceptivos, sean de emergencia o no, es un pecado grave, y en este artículo el R.P. François Knittel, de la FSSPX, nos explica por qué.

“Cualquier uso del matrimonio en cuyo ejercicio el acto, de propia industria, queda destituido de su natural fuerza procreativa, va contra la ley de Dios y contra la ley natural, y los que tal cometen se hacen culpables de grave delito”[1].

“Queda excluida toda ocasión que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación”[2].

A este primer pecado, los anticonceptivos de emergencia añaden otro todavía más grave cuando provocan un aborto al impedir la implantación del óvulo fertilizado en el útero

“Las [píldoras de emergencia] evitan el embarazo mediante el retraso o la inhibición de la ovulación, alterando el transporte del esperma por las trompas para inhibir la fertilización y/o alterando el endometrio para inhibir la implantación”[3].

“El anticonceptivo de emergencia puede (...) modificar el endometrio (la mucosa que recubre el útero) para que el óvulo fertilizado no pueda convertirse en un embarazo”[4].

“La anticoncepción de emergencia es un método de emergencia que pretende prevenir la ovulación o implantación de un óvulo fertilizado en cado de tener relaciones sexuales sin protección”[5].

“Si el anticonceptivo de emergencia se toma después de que se hayan unido el espermatozoide y el óvulo (pero antes de que óvulo fertilizado se haya implantado en la pared uterina), se puede aún prevenir el embarazo inhibiendo el transporte del óvulo a través de las trompas o su implantación en el útero. De tal manera que, algunas veces, los anticonceptivos de emergencia impiden la fertilización y algunas veces la implantación después que se ha presentado la fertilización”[6].

Para afirmar que los anticonceptivos de emergencia no son abortivos, hay que manipular la realidad
 

Confundiendo a propósito la píldora de emergencia (que no tendría efecto abortivo) con el Mifepristone o RU 486 (que sí lo tiene explícitamente).

Inventando el término de “preembrión” y definiendo el embarazo (por lo tanto, el aborto) a partir del momento en que el óvulo fertilizado se implanta en el útero: “De acuerdo a las definiciones médicas generales de embarazo que han sido aprobadas por numerosas organizaciones (...) el embarazo comienza cuando un pre-embrión completa su implantación en las paredes del útero”.

Lejos de disminuir los abortos, la mentalidad anticonceptiva los aumenta
 

“De hecho, la cultura abortista está particularmente desarrollada justo en los ambientes que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción. (...) A pesar de su diversa naturaleza y peso moral, muy a menudo [anticoncepción y aborto] están íntimamente relacionados, como frutos de una misma planta. (...) Lamentablemente la estrecha conexión que, como mentalidad, existe entre la práctica de la anticoncepción y la del aborto se manifiesta cada vez más y lo demuestra de modo alarmante también la preparación de productos químicos, dispositivos intrauterinos y ‘vacuna’ que, distribuidos con la misma facilidad que los anticonceptivos, actúan en realidad como abortivos en las primerísimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano”[7].

P. François Knittel


[1] Pío XI, Encíclica Casti Connubii, 31 de diciembre de 1930.

[2] Pablo VI, Encíclica Humanae Vitae, 25 de julio de 1968, No. 14.

[3] Información disponible en www.org/servicios/ecVru486.asp

[4] Volante disponible en formato pdf en www.go2ec.org/pdfs/PPGG_ECBrochure_Span.pdf

[5] Prospecto de Norlevo, anticonceptivo vendido en México bajo el nombre de Vika, disponible en www.norlevo.com/Norlevo_venez/medias/Norlevo%20Prospecto.pdf

[6] www.nlm.hihgov/medlineplus/spanish/ency/article/007014.htm

[7] Juan Pablo II, Encíclica Evangelium Vitae, 25 de marzo de 1995, No. 13