FSSPX Actualidad

La verdad sobre la Comunión en la mano

Agosto 01, 2016

“Por reverencia a este Sacramento, nada lo toca sino lo que está consagrado” ... Santo Tomás de Aquino

A lo largo de los siglos, nuestros padres nos han hablado sobre nuestra Fe y sobre el Santísimo Sacramento. Nuestros padres nos dijeron que la Sagrada Eucaristía es el verdadero Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo. Los Padres del Concilio de Trento definieron el Santísimo Sacramento con precisión y cuidado. Santo Tomás de Aquino nos enseñó que por reverencia a este Sacramento, tocarlo y administrarlo corresponde solamente al sacerdote. Nuestros padres en el hogar, tanto como las Hermanas en nuestra escuela, nos enseñaron que era sacrílego para cualquiera, salvo para el sacerdote, tocar la Sagrada Hostia. A lo largo de los siglos, los Papas, obispos y sacerdotes nos enseñaron lo mismo, no tanto con palabras sino por el ejemplo, y especialmente por la celebración de la Antigua Misa en Latín, donde la profunda reverencia por el Santísimo Sacramento como verdadero Cuerpo de Cristo estaba en cada movimiento que hacía el sacerdote. Nuestros padres nos enseñaron estas cosas no por transmitirnos una venerada tradición sin fundamentos, nos enseñaron esto con la palabra y el ejemplo, para mostrarnos fidelidad a la Fe Católica y reverencia hacia el Santísimo Sacramento. Nos dijeron esto porque era la verdad.

Pero la introducción de la Comunión en la mano y de los ministros laicos de la Eucaristía muestra un descuido arrogante por las enseñanzas de nuestros padres. Y aunque estas prácticas han sido introducidas con el pretexto de ser una “auténtica” evolución mandada por el Vaticano II, la verdad es que la Comunión en la mano no es una auténtica evolución, no fue mandada por el Concilio Vaticano Segundo, y muestra ante nosotros un absoluto desafío y desprecio por siglos de enseñanza y práctica católicas. La Comunión en la mano fue introducida so capa de un falso ecumenismo, que pudo crecer debido a debilidad en la autoridad, aprobada por compromiso y por un falso sentido de tolerancia, y ha llevado a una profunda irreverencia e indiferencia hacia el Santísimo Sacramento como el lugar común del abuso litúrgico y deshonra de nuestra época.

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