Solemnidad de Corpus Christi

Junio 20, 2019
Origen: fsspx.news

Después de haber ensalzado la Santísima Trinidad, la Iglesia Católica celebra otro dogma de fe divina: el de la Encarnación del Hijo de Dios que se hizo carne y permanece en el Sacramento por excelencia, la Eucaristía.

La oración de la Misa exalta la infinita gloria dada a Dios por este augusto sacramento que aplica a las almas, en todo momento, los frutos de la Redención. Es en la cruz donde Cristo nos salvó, y la Eucaristía, instituida en la víspera de su Pasión, es su memorial.

El altar es la prolongación del Calvario, y la Misa anuncia la muerte del Señor, ya que Jesús está presente como víctima gracias a las palabras de la doble consagración. En efecto, en virtud de estas palabras del sacerdote, la sustancia del pan es cambiada en el Cuerpo de Cristo y la sustancia del vino es cambiada en la Sangre de Cristo. Pero bajo las especies del pan está todo Cristo, así como bajo las especies del vino está Cristo entero, porque ya no puede morir.

La Misa es un verdadero sacrificio y el acto más perfecto del culto divino, el centro de todo el culto eucarístico de la Iglesia.

El Corpus Christi es una fiesta de obligación en la Iglesia universal. Fue en 1318 cuando el Papa Juan XXII, a raíz de las revelaciones de una religiosa, Santa Julienne de Cornillon, pidió que se celebrara una procesión eucarística ese día para profesar públicamente la fe en la presencia real de Cristo. Cuando las disposiciones civiles impiden tal celebración, la solemnidad del Corpus Christi se traslada al domingo siguiente.