Boletín de Puebla "La Misa de Siempre" - marzo 2022

Fuente: Distrito de México

En este boletín encontrarán los horarios de misa y actividades de la Misión San Ignacio de Loyola (Cholula, Puebla) para el mes de marzo 2022, así como varios artículos interesantes. La Misión San Ignacio de Loyola está ubicada en calle Lago de Texcoco N° 814 / Río Bravo Sur Col. Manantiales Cholula, Puebla, 727.

¡Estimados amigos y bienhechores!

Una buena Cuaresma tiene tres pilares: la oración, el ayuno y la limosna. Nuestra Madre, la Santa Iglesia, nos ofrece en la Cuaresma la oportunidad de cumplir con esos tres medios que nos enseña Nuestro Señor para conseguir seguramente nuestra salvación eterna. Ella nos proporciona gracias especiales para cumplir con ellos. Por eso la liturgia llama esa temporada el tiempo provechoso para nuestras almas. Comentaremos brevemente esos tres medios:

I. Nuestro Señor nos manda rezar para no sucumbir a la tentación (Luc 22,40)

San Alfonso María de Ligorio escribe en su librito El gran medio de la oración: “El que ora, se salva ciertamente, y el que no ora se condena ciertamente. Los bienaventurados se salvaron porque oraron y los condenados se condenaron porque no oraron o cesaron de orar. Y ninguna otra cosa les producirá en el infierno más espantosa desesperación que pensar que hubiera sido cosa muy fácil el salvarse, pues lo hubieran conseguido pidiendo a Dios sus gracias, y que ya serán eternamente desgraciados, porque pasó el tiempo de la oración.”

El libro del Eclesiástico nos enseña: “La oración de un corazón contrito y penitente llegará hasta más allá de las nubes. … La oración del pobre traspasa las nubes y no descansa hasta llegar a Dios, ni se retira hasta que el Altísimo fija en ella su mirada, y el justo Juez le hace justicia” (35, 20-21).

“Quiero poner aquí algo respecto de las jaculatorias”, dice san Antonio María Claret, “que su rezo es muy aconsejado a todo tipo de personas:¡Ave María purísima! - Dios mío ven a socorrerme. - Jesús en ti confío. - Detente, el corazón de Jesús está aquí. – ¡Quien como Dios! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Santísima!”

II. Nuestro Señor nos manda hacer penitencia y ayuno para no perecer (Luc 13,5)

Ya en el Antiguo Testamento Dios mandó el ayuno. Moisés, Elías y Nuestro Señor mismo ayunaron 40 días. La Iglesia católica a imitación de estos ayunos estableció la cuaresma. Los primeros cristianos ayunaban todos los días de Cuaresma y no tomaban más que una sola comida al día. Hoy en día se recomienda ayunar todos los viernes de Cuaresma aún que la obligación se extienda solamente al Miércoles de Ceniza y al Viernes Santo. El ayuno eclesiástico es fácil y no muy pesado: consiste a tomar una comida normal al día que se puede completar con dos pequeñas colaciones.

La Santa Escritura nos enseña que el ayuno y la abstinencia son necesarios

- para evitar el pecado y expiar los pecados ya cometidos;
- para vencer el demonio. Hay demonios que no pueden ser rechazados más que por la oración y el ayuno (Marc. 9,29)
- para someter el cuerpo al alma, las pasiones a la voluntad y no ser esclavo de los vicios.

San Bernardo nos alienta a extender el ayuno a todos nuestros sentidos: “Que ayune la vista y se prive de las miradas y de toda vana curiosidad (celular); que ayune el oído, y no se abra a las fabulas (películas) ni los rumores (noticias); que ayune la lengua y se prive de la maledicencia y de la murmuración; que ayunen las manos huyendo de la pereza; y sobre todo que ayune el alma alejándose de los pecados y de su propia voluntad.”

III. Nuestro Señor nos manda hacer obras de caridad y limosnas para no ir al fuego eterno del infierno (Mateo 25)

“El ayuno, señala san Gregorio, tiene que ir acompañado de piedad y limosna: es preciso dar al pobre lo que quitamos al estómago.” Y san Agustín expone: “El oro y la plata son bienes no capaces de haceros un bien, sino que os han sido concedido para que hagáis el bien con ellos”.

Nuestro Señor nos promete la recompensa de nuestras buenas obras ya en este mundo. “Dad y se os dará… seréis medidos con la misma medida que habréis empleado con los demás” (Lucas 6,36). Enumeramos los frutos de la limosna:

- La limosna expía los pecados (Eclo. 3,33).
- Ella consigue la protección de Dios y atrae sus gracias (Eclo. 29,9).
- Hace que la oración sea eficaz (Tob. 12, 8).
- Aumenta nuestros méritos y nuestros bienes temporales (Eclo. 35,13).
- Y nos alcanza una buena muerte.

Así lo recomendaba Tobías a su hijo: “Da limosnas de tus bienes y no apartes tu rostro de ningún pobre; así conseguirás que tampoco de ti se aparte el rostro del Señor. Usa de misericordia con todas tus fuerzas. Si tienes mucho, da con abundancia; si poco, procura dar de buena gana aun lo poco; pues con eso te atesoras una gran recompensa para el día de la angustia. Porque la limosna libra de todo pecado y de la muerte, y no dejará caer el alma en las tinieblas. La limosna será motivo de gran confianza delante del Altísimo Dios para todos los que la hacen (Tobías 4, 6-12).

Entramos con entusiasmo en la cuaresma con un corazón generoso y sediento para beber abundantemente y con gozo de las fuentes del Salvador (Isaías 12,3).

Padre Gensbittel+


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