El acto de contrición perfecta

Fuente: Distrito de México

Las actuales circunstancias nos llevan a no poder recibir los sacramentos con la frecuencia habitual. ¿Causará esto un enorme daño en nuestra vida espiritual?... Eso depende de nosotros, pues sabemos que por parte de Dios, siempre contamos con su misericordia. Deseamos hablar ahora, acerca de una manera de mantener el fervor y el espíritu de compunción, aún en medio de esta situación: el acto de perfecta contrición.

Se llama contrición perfecta a un acto de arrepentimiento profundo que procede “por motivo de la caridad”, es decir, arrepentirnos de nuestros pecados por amor a Dios, y no solamente por el miedo al infierno o por lo detestable que es el pecado en sí mismo. Este motivo (el amor de Dios) produce su efecto propio, que es borrar el pecado del alma. “La contrición perfecta remite ella misma los pecados y justifica a los pecadores, pero debe incluir al menos el voto o deseo del sacramento”. Varias citas de la Sagrada Escritura nos ayudan a entenderlo mejor: “Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho” (Lc. VII, 47). “Allí buscaréis a Yahvé, vuestro Dios, y le hallarás si con todo tu corazón y con toda tu alma le buscas” (Deut. IV, 29). “Amo a los que me aman, y el que me busca me hallará” (Prov. VIII, 17). La Santa Iglesia, en su magisterio, lo explica con toda claridad: “Enseña además el Santo Concilio (de Trento) que, aun cuando alguna vez acontezca que esa contrición sea perfecta por la caridad y reconcilie al hombre con Dios antes que de hecho se reciba este sacramento; no debe, sin embargo, atribuirse la reconciliación a la misma contrición sin el deseo del sacramento, que en ella se incluye...” La razón de esto es que la contrición perfecta, acompañada de la caridad, excluye todo pecado mortal, pero no justifica sin el voto (implícito al menos) del sacramento, que debe venir incluido en ella. Y la razón de esta exigencia del sacramento (al menos el deseo) es el precepto de Jesucristo dado por medio del poder de las llaves, entregado especialmente a San Pedro.

La teoría nos queda muy clara, pero, en la práctica... ¿Es muy difícil hacer un acto de verdadera y perfecta contrición? La mayoría de los teólogos, (y parece ser que incluso Santo Tomás) insinúan que no es tan difícil (ni imposible...) realizar un acto de contrición perfecta. La gracia de Dios es necesaria en cualquier cosa buena que haga el hombre, dentro de lo cual se incluye el arrepentimiento de los pecados, pero al mismo tiempo, es indispensable la colaboración del hombre y sus buenas disposiciones para secundar a la gracia.

Conviene, por tanto, que a menudo hagamos actos de contrición, de la mejor manera posible. Por supuesto que esto no suple ordinariamente la confesión sacramental, pero tiene claramente dos beneficios: en primer lugar, esto nos dispone a adquirir un espíritu de compunción que nos prepara mejor a nuestras confesiones sacramentales, y en segundo lugar, cuando la confesión sacramental no es posible, Dios puede valerse de este acto de contrición para darnos el perdón de nuestros pecados, y de esta manera llegar a la vida eterna.

Por último, dejamos algunos consejos que nos pueden ayudar especialmente en este sentido:

1) Repetición: el realizar actos frecuentes, nos dará una cierta facilidad para arrepentirnos pronto e inmediatamente después de cada falta. Si la muerte llega de improviso en nuestra vida, quizás nuestra salvación eterna dependa de un acto de contrición perfecta en ese momento; y en ese momento repentino ¿cómo lo vamos a realizar, si no estamos habituados a ello?

2) Meditar detenidamente en:

a) La bondad que desde siempre Dios ha tenido conmigo.
b) Lo ingrato y perverso de nuestra conducta con respecto a Él.
c) Vergüenza y remordimiento de haber obrado así.

3) Enseñarlo a los demás: probablemente la Providencia ha puesto varias almas bajo nuestro cuidado, o quizás podamos ayudar a alguien que se acerca al juicio de Dios.

4) Conocer las fórmulas: La Iglesia ha establecido muchas oraciones y actos de contrición, que nos ayudan a disponer nuestra alma al arrepentimiento. Debemos estar familiarizados con ellas para traerlas a nuestra consideración con facilidad.

R.P. Mota +


Acto de Contrición 

Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el Infierno que merecí y por el Cielo que perdí; pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo firmemente no pecar más, y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.