El sexto dolor de María

Fuente: Distrito de España y Portugal

El sexto dolor de María, el descendimiento de la Cruz

Para todos los días :

1 - Ofrecer de todo corazón un sacrificio o renunciar voluntariamente a algo.
2 - Oración preparatoria :

" Stabat Mater..."

SEXTO DÍA

 

Primera consideración : El sexto dolor de María, el descendimiento de la Cruz.

«  O vos omnes.. canta el profeta Jeremías en sus Lamentaciones… O vosostros todos que pasáis por el camino, mirad y considerad si hay dolor más grande que el mío ». Al contemplar la sexta espada del Corazón de María, es sin ninguna duda la imágen de la Virgen de Piedad que nos viene al la mente. La Madre de Dios sentada con los brazos abiertos, recibiendo al cuerpo sin vida de su amado Hijo y Redentor. En estos brazos empezó la historia de la salvación, cuando por primera vez, el Hijo de Dios apareció Niño pequeño en Belén. Y en estos mismos brazos se acaba la historia de la salvación, cuando por última vez, el Hijo de Dios descansa en ellos herido y muerto. Pero ¡ qué diferencia entre la primera y la última vez vez ! El día de Navidad, María Santísima nos ofrecició un objeto de contemplación de los más hermosos y tiernos ; y ahora, nosotros pecadores se lo devolvemos a su Madre totalmente deshecho… « nisiquiera tiene aparencia humana », como dicen los salmos. En verdad, la Virgen nos podría preguntar a cada uno de nosotros : « ¿ pero qué habéis hecho de mi Hijo ? » Tratemos de sentir algo de la amargura de nuestra Madre en este momento tan doloroso.

Al tener la Virgen el cuerpo sin vida de Jesucristo, seguro que tomó el tiempo para considerar todas sus heridas. Para cada una de ellas, su alma cantó un himno de alabanza y de agradecimiento. Pero ¡ qué canto más triste y duro debió de ser este ofrecimiento ¡ Cada llaga del Señor fue para su Madre un clavo en su Corazón. Acerquémonos de este misterio con humildad, arrepentimiento y compasión. Miremos nosotros también con respeto y devoción las llagas de Jesucristo, y por fin atrevémonos a mirar a la Santísima Virgen a los ojos para pedirle de todo corazón : « ¡ perdón, misercordia y clemencia ! »

Segunda consideración : Repercusión en el corazón de San Juan.

San Juan fue de los hombres quien ayudó a José de Arimatea a desatar y bajar el santo y divino cuerpo de Jesucristo de la Cruz. Fue por lo tanto unos de los que colocaron la Víctima entre los brazos de María. Pudo San Juan ver al instante y considerar, que no se podía representar más grande dolor que el de su nueva Madre. Vió la manera resignada y compasiva con la cual la Virgen besaba el precio de la remisión de los pecados. Vió como su inmenso amor le daba fuerza suficiente para limpiar cada una de las llagas, tan profundas y tan numerosas. Ningun corazón humano puede aguantar espectáculo tan conmovedor, menos aún el puro corazón de San Juan. Tuvo que llorar mucho.

San Juan, el fiel neo-sacerdote pudo ofrecer con María y por María su primera misa encima del altar de sus brazos. Presentaba al Padre Celestial a través de los gestos y las miradas de la Madre Celestial, cada una de las heridas del Hijo Celestial ¡ No hubo misa tan solemne como la del Viernes Santo ! Seguro que San Juan logró lleguar a un nivel de entendimiento del misterio de la Redención al cual no lleguaron ninguno de los demás apóstoles ¿ Y eso porqué ? Por estar tan cerca de María, leer y vivir en ella la Pasión de Cristo. Por algo será que el Evangelio de San Juan es el más profundo de los evangelios. Que nos ayude San Juan a vivir este año Semana Santa como lo hizo él mismo, compatiendo con la Virgen María.

Tercera consideración : Nuestra compasión.

Dos ideas para alimentar nuestra propia compasión. La primera es que no tenemos que dejar a nuestra Madre tan dolorida, la tarea de limpiar ella sola las llagas de su Hijo. Propongámosle nuestra ayuda. Será la mejor manera de compatir con ella, de llorar con ella y de darnos cuenta con ella de lo horrible y de lo terrible que son nuestros pecados.

La segunda idea es que a María solo se le representa o con su Niño en brazos o con su Hijo muerto en brazos. Esta consideración podría cimentar una realidad espiritual de las más profundas. En los brazos de María solo tienen acceso los niños y los muertos. Es decir, los niños espirituales, o sea los humildes, y los muertos espirituales, o sea los que ya no viven del mundo ni del pecado sino del solo Cristo Redentor. La conclusión es evidente ; si compatir es consolar, no habrá consolación más grande para el Corazón de nuestra Madre, que esforzarnos del todo para convertirnos en otro su niño, sacrificado por Cristo.

 

ORACIÓN FINAL

1 Padrenuestro, 7 Avemarías y Glória.
Ruega por nosotros Virgen dolorosísima / Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

Petición…

Oremos. O Dios que quisiste que en tu pasión, según la profecía de Simeón, el alma dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre María fuese traspasada por una espada, concédenos la gracia, que celebrando con veneración su transfixión y pasión, podamos, por la intercesión de los gloriosos méritos de todos los Santos que rodean fielmente la Cruz, obtener el feliz efecto de tu pasión. Por Jesucristo Señor Nuestro. Amén.