Ordenaciones al Subdiaconado y segundas órdenes menores

Fuente: Séminaire Saint-Pie X

Los futuros subdiáconos dando el "paso" definitivo.

El pasado sábado 6 de abril, Monseñor Bernard Fellay confirió las segundas órdenes menores: exorcista y acólito, a dos seminaristas de cuarto año, así como a un seminarista de los Cooperadores de Cristo Rey de Caussade. Acto seguido, celebró la ordenación al subdiaconado, primera orden mayor, de nueve seminaristas de Econe y un capuchino de Morgon.

Los futuros subdiáconos se revisten con el alba blanca que simboliza la pureza necesaria de las creaturas llamadas por Dios al sublime honor del servicio en el altar.

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En su homilía, el pontífice habló sobre la grandeza de estas ceremonias, y la enorme dignidad que rodea la vida de los ministros del Altísimo.

Las almas que quieren consagrarse a Dios están destinadas a una vida de humildad y santidad.

 

El cirio que toca el acólito representa el resplandor de aquellos a quienes Nuestro Señor dice: "Ustedes son la luz del mundo".

 


Monseñor Fellay exhortó solemnemente a los futuros subdiáconos, a quienes el Director del Seminario, el Padre de Lacoste, invitó a dar un paso al frente, a seguir a Nuestro Señor de forma irrevocable: al responder a este llamado, a su vocación, estos jóvenes saben que deben prometer castidad perpetua, y que no podrán volver atrás.

 

Con alegría en sus corazones y la simplicidad de su ofrenda, los diez jóvenes respondieron generosamente, y dieron este paso que compromete solemnemente el resto de sus vida.

 

La Iglesia implora largamente las bendiciones del Cielo sobre sus hijos postrados de rodillas ante la majestad divina.

 

A aquellos a quienes llama a su servicio, Dios promete darles en abundancia las gracias necesarias para su fidelidad.

 

Y es tocando el cáliz, la patena del sacrificio y la vinajera que derramará la gota de agua para el sacerdote, que el candidato al subdiaconado se convierte en subdiácono.

 

Posteriormente, el subdiácono es revestido con el amito, armadura de salvación para defenderse contra los enemigos espirituales...

 

...luego sigue el manípulo, símbolo de la contrición de su corazón...

 

...y finalmente la sotana, vestido de gozo y alegría.

 

En seguida, el subdiácono toca el libro de Epístolas que cantará para los fieles en la iglesia.

 


El cirio que acompaña a los recién ordenados es colocado en manos del obispo como símbolo de fidelidad.

 

Y a continuación se celebra la Misa en acción de gracias.

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