Principio y fundamento

Fuente: Distrito de México

Descubra el interesante testimonio de un ejercitante que ha hecho los Ejercicios Espirituales de San Ignacio (en la foto).

Hace poco descubrí los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, una maravilla desconocida del mundo moderno; desconocimiento que explica el porqué de nuestros múltiples equívocos y yerros. Entre las muchas meditaciones y contemplaciones que tuve que hacer, la primera de ellas me llevó a pensar en el mundo actual, ya que nos hemos olvidado de lo principal, de lo básico de nuestra existencia. Esta primera meditación se llama “Principio y Fundamento” y responde a la pregunta que siempre se ha hecho el hombre: ¿qué es lo que hace en la tierra?, ¿para qué está aquí? Lo primero que el mundo de hoy nos dice como respuesta a esta interrogante es por supuesto: para ser feliz. La respuesta de la Iglesia es: para salvar el alma. Lo paradójico es que al perseguir lo primero, de acuerdo a la definición del mundo de lo que es la felicidad, esto es, los placeres sensibles, las diversiones, los bienes materiales, etc., en realidad nos alejamos de la salvación; en tanto que buscando la salvación del alma, nos acercamos a la verdadera felicidad.

La realidad es que como católicos, conocemos que sólo existen dos alternativas, o me salvo, lo que significa una felicidad indescriptible y eterna, o me condeno, lo que se traduce en una infelicidad absoluta y también eterna. Ah, pero el tiempo también es algo de lo que el mundo de hoy quiere que nos olvidemos, como si fuéramos a vivir por siempre. Sin embargo, mi salvación depende de cómo vivo y del tiempo que Dios me dé, por lo que conviene vivir con un poco de preocupación y con un poco de temor y aprovechar mi libertad. Libertad, un término tan desvirtuado, tan deformado, que interpretamos como hacer lo que se quiere, cuando se quiere y como se quiere, sin ninguna limitación y orden. Sin embargo, la libertad que Dios nos da es para que voluntariamente vayamos a Él, para que hagamos actos meritorios, tales como: frecuentar los sacramentos, oración, buenas obras, ejercitar la virtud y evitar el pecado, sacrificios, penitencias, etc. Estamos aquí y Dios nos ha creado para conocerle, amarle y servirle en esta vida y verle y gozarle eternamente en la otra.

Es verdad que los bienes de este mundo no pueden satisfacer el corazón del hombre, por la sencilla razón que se pueden perder. Con Dios no pasa eso, Dios llena el corazón del hombre. “Si alguien me ama, guardará mis mandamientos”, dice Nuestro Señor Jesucristo. Concluyamos con San Mateo, “¿De qué le sirve al hombre todos los bienes de este mundo, si pierde su alma?”

A. D.