Santa Catarina, Nuevo León: adoración del Niño Jesús - 1/01/2024

Fuente: Distrito de México

Se cuenta en la vida del Padre Pío de Pietrelcina que se le apareció el Niño Jesús en tres ocasiones.

Primera aparición en 1911. En un éxtasis se le apareció al Padre Pío del modo más singular el Niño Jesús, pues apareció con sus llagas. El Padre Pío, completamente maravillado, se dirigió al Niño Jesús y le dijo: "Jesús mío, ¿por qué eres tan pequeñín esta mañana? De un momento a otro te has hecho tan pequeño". La admiración aumentó cuando vio que el Niño Jesús estaba llagado. La visión de Jesús llagado era el modo en que el Padre Pío contemplaba el misterio de la Navidad. Para el Padre Pío, el Niño Jesús debía ser visto a la luz de Jesús crucificado y la fiesta de Navidad debía ser considerada en estrecha relación con la fiesta de Pascua.

Segunda aparición en 1919. "La noche entre el 19 y el 20 de septiembre no podía dormir. No sé por qué. Quizá por el calor. Así que a la medianoche me levanté asustado", cuenta el Padre Rafael de San Elías, que vivió en el convento del Padre Pío. "El pasillo estaba sumergido en la oscuridad, roto solo por la luz tenue de un candil de petróleo. Mientras estaba en la puerta para salir, veo pasar al Padre Pío todo luminoso con el Niño Jesús en brazos, avanzaba lentamente murmurando oraciones. No advirtió mi presencia. Solo algunos años después supe que el 20 de septiembre era el primer aniversario de sus llagas". Como se ve, también esta aparición hace referencia a las llagas y, por ende, a la pasión de Jesús.

Tercera aparición en 1922. La narración de esta aparición se debe a Lucía Ladanza, hija espiritual del Padre Pío. El 24 de diciembre de 1922, Lucía quiso pasar la vigilia de Navidad junto al Padre Pío. Aquella noche hacía frío y los frailes habían llevado a la sacristía un brasero con fuego. Lucía, con otras tres mujeres, esperaba la medianoche para asistir a la misa que debía celebrar el Padre Pío. Las tres mujeres comenzaron a adormecerse mientras ella seguía rezando el rosario. Por la escalera interior de la sacristía bajaba el Padre Pío y se detuvo junto a la ventana. En un momento, envuelto en un halo de luz, apareció el Niño Jesús y se detuvo ante los brazos del Padre Pío, cuyo rostro se volvió todo radiante. Cuando desapareció la visión, el Padre advirtió que Lucía, que estaba despierta, lo miraba fijamente, atónita. Se le acercó y le dijo: "Lucía, ¿qué has visto?". Lucía respondió: "Padre, he visto todo". El Padre Pío entonces le advirtió con severidad: "No digas nada a nadie".

Con estos sentimientos en mente, la feligresía de la capilla de Santa Catarina, Nuevo León, de la Fraternidad San Pío X (FSSPX) se dispuso a hacer la tradicional adoración del Niño Jesús después de la misa del 1 de enero, y con este beso manifestar a Nuestro Señor Jesucristo nuestra gratitud por haberse encarnado, por haber querido ser parte de nosotros, parte de la humanidad, y tomar un cuerpo para poder ofrecérselo en sacrificio por nuestros pecados a su Padre celestial. Esta tradición también es importante para enseñar a los niños que debemos acercar nuestros corazones al corazón de Nuestro Señor Jesucristo y que desde su más tierna edad conozcan a Aquel que ha redimido sus almas.

Recordamos que en esta capilla se celebra la santa misa tradicional en latín el 1ero, 3ero y 4to domingo de mes a las 13:00 hrs.
 

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