¿Qué piensa Dios del Ecumenismo?

Se puede encontrar lo que piensa Dios del ecumenismo en el Profeta Jeremías, que es la gran figura del Salvador perseguido y de la Iglesia perseguida.

El profeta Jeremías ejerce su ministerio en el Reino de Judá, entre los años 625 a 586. Cuando Jeremías es llamado por Dios, hace ya un siglo que el Reino de Israel, enemigo del Reino de Judá y cismático desde su origen, ha sido destruido por Dios a causa de sus idolatrías y resistencias a los profetas enviados por Dios para moverlos a penitencia.

El Reino de Judá tendría que haber escarmentado con semejante castigo, ya que los profetas le decían continuamente: si te haces reo del mismo pecado que Israel, tendrás el mismo castigo que él. Pero estas amonestaciones de poco o nada sirvieron. El Reino de Judá se dejó llevar por la idolatría reinante, dio culto a toda clase de falsos dioses, y asumió las costumbres más depravadas que se puedan imaginar, … nada distinto del ecumenismo actual y sus consecuencias!!

Escuchemos al profeta que le echa en cara la apostasía de Dios:

Pensadlo bien y ved si aconteció cosa tal: si las gentes cambiaron de dioses -¡aunque aquellos no son dioses!- . Pues mi pueblo ha trocado su Gloria por los ídolos. Pasmaos, cielos, de ello, erizaos y cobrad gran espanto –oráculo de Yahveh-. Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que no pueden contener el agua” (2, 10-13)

Y esta apostasía del Dios Vivo y Verdadero es debida en gran parte a los sacerdotes:

Los sacerdotes no decían: ¿Dónde está Yahveh?; ni los peritos de la Ley me conocían; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaban por Baal, y en pos de los ídolos andaban” (2,8)

“¿Cómo te voy a perdonar por ello? Tus hijos me dejaron y juraron por el que no es dios. Yo los he llenado de bienes, y ellos se hicieron adúlteros… Algo pasmoso y horrendo se ha dado en la tierra: los profetas profetizaron con mentira, y los sacerdotes los aplaudieron; y a mi pueblo le gustó tales cosas” (5, 7 y 30-31)

El siguiente texto evoca asombrosamente los repetitivos actos de Asís:

He aquí que vosotros fiáis en palabras engañosas que de nada sirven, para robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dioses que no conocíais. Luego venís y os paráis ante mí en esta Casa llamada por mi Nombre y decís: ¡Hemos alcanzado la libertad!, por haber hecho estas abominaciones” (7, 8-10)

Pero como ve Dios estas apostasías es completamente distinto del modo como las ve hoy día la gente de Iglesia:

Tu tenías rostro de mujer meretriz, y rehusaste avergonzarte… Yahveh me dijo: ¿Has visto lo que hizo Israel, la apóstata? Andaba ella sobre cualquier monte elevado y bajo cualquier árbol frondoso, fornicando allí1 . En vista de lo que había hecho, dije: No vuelvas a mí. Y  no volvió. Vio esto su hermana Judá, la pérfida; vio que a causa de todas las fornicaciones de  Israel, la apóstata yo la había despedido dándole su carta de repudio; pero no hizo caso su hermana Judá, la pérfida, sino que fue y fornicó también ella, tanto que por su liviandad en fornicar manchó la tierra, y fornicó con la piedra y con el leño. A pesar de todo, su hermana Judá, la pérfida, no se volvió a mí de todo corazón, sino engañosamente –oráculo de Yahveh- Y me dijo Yahveh: Más justa se ha manifestado Israel, la apóstata, que Judá, la pérfida”  (3, 2-11)

Pero lo más grave es que Judá persiste en su pecado, y no quiere reconocerlo:

¡Qué hermoso te parece tu camino en busca del amor! A la verdad, hasta con maldades aprendiste tus caminos… Y con todo eso, dices: Soy inocente; basta ya de ira contra mí. Pues bien, aquí me tienes para discutir contigo eso que has dicho: No he pecado. ¡Cómo te has envilecido hasta lo sumo, volviendo a tus malos pasos! También de Egipto te avergonzarás como te avergonzaste de Asur. También de ésta saldrás con las manos en la cabeza. Porque Yahveh ha rechazado aquello en que confías, y no saldrás bien de ello”  (2, 33-37)

Y las consecuencias desastrosas de esta actitud, también están señaladas por el profeta. Por un lado una paz falsa que envenena las almas:

Desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el fraude. Han curado el quebranto de mi pueblo a la ligera diciendo: ¡Paz, paz!, cuando no había paz. ¿Se avergonzaron de las abominaciones que hicieron? Avergonzarse, no se avergonzaron; sonrojarse, tampoco supieron; por lo tanto caerán con los que cayeren; tropezarán cuando se les visite, dice Yahveh”  (6,14)

También la inutilidad de todo este ecumenismo con los falsos dioses:

¿Dónde están tus dioses, los que tú mismo te hiciste? ¡Qué se levanten ellos a ver si te salvan en tiempo de desgracia! Pues cuantas son tus ciudades, otros tantos son tus dioses, Judá; y cuantas calles cuenta Jerusalén, otros tantos altares hay para Baal”  (2,289

Además el odio de aquellas mismas gentes con las que se quiso hacer ecumenismo:

Y tú, asolada, ¿qué vas a hacer? Aunque te vistas de grana, aunque te enjoyes con joyel de oro, aunque te pintes con polvos los ojos, en vano te hermoseas: te han rechazado tus amantes: ¡tu muerte es lo que buscan! Y entonces oí una voz como de parturienta, gritos como de primeriza: erala voz de la hija de Sión, que gimiendo extendía sus palmas: ¡Ay, pobre de mí, que mi alma desfallece a manos de asesinos!”  (4,30-31)

Y sobre todo la reprobación y maldición divinas, que no acepta ya ni siquiera la oración de Jeremías por la ciudad pecadora:

En cuanto a ti, no pidas por este pueblo ni eleves por ellos plegaria ni oración, ni me insistas, porque no te oiré… He aquí que mi ira y mi saña se vuelca sobre este lugar, sobre hombres y bestias, sobre los árboles del campo y el fruto del suelo; arderá y no se apagará”  (7,16-20)

  • 1La fornicación y el adulterio son imagen de la infidelidad del pueblo que ha abandonado a Yahveh y adorado a otros dioses.